Voces sobre China en el siglo XVII a través de Domingo Fernández de Navarrete

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  Voces sobre China en el siglo XVII a través de Domingo Fernández de Navarrete ©   Anna Busquets Alemany  Universitat Oberta de Catalunya 1.   E L MISIONERO Y LOS T  RATADOS En 1676 se publica en Madrid la obra titulada Tratados histó-ricos, políticos, éticos y religiosos de la monarquía de China  en la que, a través de siete tratados, el dominico Domingo Fernández de Navarrete describe diversos aspectos relativos al imperio chino. Este vallisoletano, nacido en Peñafiel (1618-1686) 1  , en la actual ©   Boletín Hispánico Helvético  , volumen 21 (primavera 2013): 99-129. 1  La biografía de Navarrete puede trazarse a partir de fuentes documentales diversas que, en función de su tipología, cabe agrupar en tres grupos. En primer lugar, el conjunto de escritos del propio Navarrete, entre los cuales destacan los Tratados (1676) y las Controversias antiguas y modernas entre los misionarios de la Gran China (1679). En segundo lugar, la historiografía misional dominicana —de especial relevancia son la Historia de la Provincia del Santo Rosario (1742) de Vicente de Salazar, O. P. y la obra de los PP. Ferrando-Fonseca, O. P.  Historia de los dominicos en Filipinas y sus misiones en China, Formosa, Tonkin y Japón (1870-1872)—, así como los compendios biográficos que existen de los dominicos —el trabajo realizado por los PP. Quetif-Echard, Scriptores Ordinis Praedicatorum  (1719) o la Reseña biográfica de los religiosos de la provincia del Santísimo Rosario de las Filipinas desde su fundación hasta nuestros días  (1891) de Ocio y Viana. En tercer lugar, estudios historiográficos modernos, entre los que destaca la biografía tra-zada por el también dominico José María González en su Historia de las misiones dominicanas de China (1964) o la biografía que James S. Cummins hizo en el estudio introductorio de la traducción parcial del sexto tratado, The Travels and Controversies of Friar Domingo Navarrete (1962). Tal como señala Cummins, pocos personajes han tenido tantos enemigos literatos como biógrafos que han inven-tado parte de su vida como Domingo Fernández de Navarrete. Así, algunos aspectos de su vida, tales como la fecha de su nacimiento, de su muerte o inclu-so el nombre, han variado sustancialmente entre los diferentes autores. V. Cummins, James S.: The Travels and Controversies of Friar Domingo Navarrete, 1618-1686. Cambridge: Hakluyt Society, 2 vols., 1962, p. xix.  Anna Busquets Alemany 100   provincia de Valladolid, entró en la orden de los dominicos siendo joven, en 1634, e inició allí sus estudios de teología y filosofía. Cuando aún no había cumplido los treinta, y "movido de la opinion cierta y corriente de la rigida y exactísima obser-vancia regular de nuestra Provincia de el Santo Rosario de Philipinas" 2  , se ofreció voluntario para la misión que los domi-nicos tenían en las Filipinas, de manera que determinó "dexar parientes, patria y amigos y emprender un viaje tan prolongado y dos navegaciones tan dilatadas, como ay de España hasta los principios de la Asia" 3 . Tras un viaje largo y no exento de per-cances —incluida una demora de más de un año en México dado que no llegaba el  galeón de Manila —, consiguió llegar a Manila en 1648, que entonces estaba bajo la orden del goberna-dor don Diego Fajardo Chacón 4 . Ya en las Filipinas, Navarrete fue asignado a la provincia de Manila, donde rápidamente aprendió la lengua tagala de mane-ra que "a los cinco meses, todos confessavamos y predicavamos, y en un año muy fáciles en ambas cosas, y en tratar con los In-dios en sus negocios" 5 . A los dos años de su llegada, su mala sa-lud hizo que, aconsejado por los médicos, decidiera regresar a Europa. Partía de Manila en 1657. No obstante, tras sufrir todo tipo de peligros y penalidades en el viaje, tal como él mismo explica "cansado del mar, y desviado de todo para venirme a Europa, determinè passar con los Portugueses a Macao, y entrar de allì en China, donde estaban los de mi Orden, a ayudarlos y acabar con ellos mi vida" 6 . En esta ocasión, una vez más, el viaje tampoco fue fácil y tras superar varias adversidades, finalmente llegó a la provincia china de Fujian, al sur del país, donde los dominicos tenían algunas misiones. Durante los dos años que estuvo en esta provincia se dedicó a la conversión de algunos letrados y personas nobles, a la vez que se ejercitó, según su testimonio, en tres lenguas 7 . Tras estos dos años iniciales en 2  Tratado 6, cap. I. fol. 294, 12. Se ha trabajado con la versión microfichada de la edición de 1676 en el seno de la colección Western Books on China Published up to 1850 . 3   Ibid. Aunque de manera breve y escueta, en estas palabras quedan recogi-das algunas de las dificultades que podían derivarse de un viaje que debía reali-zarse en dos tramos con una parada obligada en el Nuevo Mundo. 4  Fue gobernador de las islas Filipinas entre 1644 y 1653. Sucedió en el cargo a Sebastián Hurtado Corcuera —que lo fue entre 1635 y 1644—, y fue seguido por Don Sabiniano Manrique de Lara, que gobernó entre 1653 y 1663. 5  Tratado 6, cap. IIII, fol. 306, 5. 6  Tratado 6, cap. VIII, fol. 334, 10. 7   Controversias  , "Satisfacción a un memorial apologético", al Reparo trece. Aunque no las especifica, las tres lenguas bien podrían ser el chino mandarín, el dialecto de Fu’an y el cantonés. Se ha trabajado con la versión de esta obra que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, Sección Raros/2012, BNM.  Voces sobre China en el siglo XVII 101   Fujian, sus superiores le ordenaron subir a la provincia de Zhejiang, donde combinó su tarea evangelizadora con la redac-ción de algunos libros 8 . Pero en 1664, la situación cambió por completo. A raíz del denominado "Caso del Calendario"   ( Li yu ), iniciado por Yang Guangxian 9  , apareció un edicto de persecución contra misione-ros y cristianos que sorprendió a los dominicos en sus respecti-vas misiones 10 . Como consecuencia de la persecución, se cerra-ron todas las iglesias cristianas, el cristianismo fue prohibido y los misioneros fueron castigados a cautiverio en Cantón, desde 1666 hasta 1671, momento en el que se permitió a los que toda-vía quedaban en aquel país regresar a sus misiones. Durante su obligada estancia en Cantón, Navarrete se dedi-có a estudiar cuestiones relacionadas con el pensamiento y ritos chinos, y debatió extensamente con otros misioneros acerca de las aproximaciones que las órdenes religiosas habían hecho a la conversión de los chinos, y muy en concreto, acerca de la consi-deración que habían recibido los ritos chinos. Para unos, con la mayoría de los jesuitas al frente, los chinos convertidos al cris-tianismo podían seguir practicando los tradicionales ritos con-fucianos dado que éstos eran considerados fundamentalmente civiles más que religiosos y que su función era reforzar los vín-   8  Para un estudio detallado de la producción bibliográfica de este dominico véase Cummins, 1962, op. cit. ; González, José María (O.P.):  Historia de las misio-nes dominicanas de China . Madrid: Imprenta Juan Bravo, tomo V: Bibliografías, 1967; Simón Díaz, José M.: Dominicos de los siglos XVI y XVII: Escritos localizados. Madrid: Universidad Pontificia de Salamanca, 1977; y Ming, Julia Sun Su: El  padre Domingo Fernández de Navarrete y el problema de los ritos chinos . Tesis docto-ral, Universidad Complutense de Madrid, 1981. 9  Yang Guangxian (1597-1669) redactó un extenso memorial en el que com- binaba blasfemias contra la religión cristiana con acusaciones directas contra los misioneros y, en especial, contra el padre Adam Schall, que había conseguido una buena posición en la corte gracias a su amistad con el ya difunto emperador Shunzhi (fallecido en 1661). En realidad, el "Caso del Calendario" debe enten-derse como el resultado de un conjunto de factores: la rivalidad personal entre los jesuitas, las tensiones entre las facciones de la corte pro- y anti-cristianas, y el hecho de que Schall rechazara la astronomía musulmana, aspecto que desa-gradó a Yang Guangxian, puesto que él mismo era musulmán. Para más deta-lles sobre este asunto véase Standaert, Nicholas (ed.): Handbook of Christianity in China . Volume One: 635–1800 . Leiden: Brill, 2001, pp. 13-515; Hummel, Arthur W. (ed.): Emminent Chinese of the Ch’ing Period, 1644–1912. Washington: The Library of Congress, 2 vols., 1943–1944, pp. 89-892; y Needham, Joseph: Science and Civilization in China. Vol. I–III  . Cambridge: Cambridge University Press, 1980–1995, p. 49. 10  Sobre el cambio de actitud de los chinos con el cristianismo, véase espe-cialmente el capítulo «De la sympathie à l’hostilité», en: Gernet, Jacques: Chine et Christianisme, action et réaction . Paris: Gallimard, 1982, pp. 25–89.  Anna Busquets Alemany 102   culos familiares de generación en generación 11 . Para otros, do-minicos y franciscanos, a los que cabría unir unos pocos jesui-tas, estos ritos eran religiosos y, por lo tanto, su práctica era in-compatible con la conversión al cristianismo 12 . Las desavenen-cias eran tan grandes que los misioneros decidieron tratarlas en la denominada conferencia de Cantón  —que se inició a mediados de diciembre de 1667 y se alargó hasta finales de enero de 1668—, en la que todos los misioneros atrapados allí acordaron plantear sus opiniones para luego valorarlas conjuntamente y aceptar lo que la mayoría decidiera 13 . Navarrete señala en sus escritos la franca desventaja en la que se encontraba: de los die-cinueve misioneros allí recluidos, tan sólo cuatro —uno de ellos franciscano—, eran de su misma opinión. Cansado y preocupado por la situación —agravada por el decreto imperial de octubre de 1669, que prohibía a los misio-neros desterrados su regreso al interior de China—, y dado que el jesuita Intorcetta había partido hacia Roma con algunos pun-tos sobre la predicación de la religión cristiana en China que se habían decidido y con los que Navarrete y otros misioneros no estaban dispuestos a acomodarse, a pesar de no tener el permi-so requerido para ello, el dominico abandonó el imperio chino, para dirigirse a Manila o Roma con el fin de poder tratar direc-tamente las cuestiones relativas a los métodos de evangeliza-ción seguidos por algunos jesuitas en aquel imperio 14 . 11  Richmond, Robert Ellis: They Need Nothing: Hispanic Asian Encounters of the Colonial Period . Toronto: University of Toronto Press, 2012, pp. 8-69. 12  Es importante remarcar el hecho de que entre los jesuitas coexistían posturas muy diferentes acerca de la idoneidad del modelo de evangelización iniciado por Mateo Ricci, así como también acerca de la interpretación última que hacían de los ritos. Para intentar acabar con esta falta de unanimidad, los  jesuitas celebraron un sinfín de reuniones aunque sin éxito final. Para más deta-lles véase Cummins, James S.: A Question of Rites. Friar Domingo Navarrete and the Jesuits in China . Aldershot: Scholar Press, 1983; y Cummins, James S.:  Jesuit and Friar in the Spanish Expansion to the East . London: Variorum Reprints, 1986, pp. 7-60. 13  Dos fueron los puntos centrales del debate. En primer lugar, la decisión acerca de si los ritos chinos eran prácticas civiles o religiosas y, en segundo lu-gar, el nombre que debía usarse para hacer referencia a Dios. Mungello, David E.:  Curious Land: Jesuit Accomodation and the Origins of Sinology. Stuttgart: Franz Steiner Verlag, 1985; y Mungello, David E.: The Chinese Rites Controversy. Its History and Meaning . Monumenta Serica Monograph Series XXXIII. Nettetal: Steyler Verlag, 1994, pp. 4 y ss. 14  Esta decisión fue duramente criticada por los jesuitas, quienes le acusaron de ponerles en grave peligro dado que Navarrete no había solicitado el permiso requerido para abandonar el imperio chino. Para un estudio detallado acerca del período en el que los misioneros estuvieron recluidos en Cantón véase Cummins, 1962, op. cit., apéndice I, pp. 413-424.  Voces sobre China en el siglo XVII 103   Navarrete salió de Cantón en 1669 y tardó dos años hasta llegar a Europa. En su viaje, y especialmente durante su paso por Roma, tuvo conocimiento de las noticias que los miembros de la Compañía de Jesús habían elevado a la Sagrada Congre-gación acerca del estado de las misiones en China y muy en concreto, acerca de los métodos de evangelización utilizados por las órdenes mendicantes. Navarrete, en total desacuerdo con algunas de las noticias que los jesuitas habían hecho circu-lar, y consciente de que para que se entendiera su posición acer-ca de la situación de la religión cristiana en el mundo chino debía dar una visión de China lo más panorámica posible, ideó una serie en tres tomos 15  que deberían haber visto la luz de manera progresiva si no hubiera sido porque el Tribunal de la Santa Inquisición se interpuso de por medio. Los dos primeros fueron escritos y de ellos se han conservado diferentes ejempla-res; del tercero, en cambio, a pesar de las referencias que Nava-rrete hace en sus otros escritos, no se ha conservado ningún ejemplar. El primer tomo fueron los Tratados  —impresos y publica-dos—, el segundo las Controversias  —impresos casi en su totali-dad pero no publicados— y el tercero —escrito aunque no im-preso ni publicado, y del que no se ha conservado ningún ejem-plar— de haber visto la luz se habría titulado Todas las industrias espirituales y divinas de que se han ayudado los Religiosos de la Compañía en la conversión de China 16 . Los Tratados  , pues, fueron 15  Según el padre Rob Streit, en realidad existió un cuarto tomo cuyo título es «Explicadas las verdades católicas, impugné los errores más comunes de los chinos». Para más detalles véase Streit, Rob: Bibliotheca Missionum . Americanische  Missionsliteratur 1700-1909. Münster: Aachen, 1916-, p. 863. 16  De este tomo, José Toribio Medina señala que su existencia consta de los preliminares del segundo y que el autor lo tenía ya preparado para la prensa, aunque nunca llegó a publicarse. Si bien en las Controversias en varias ocasiones Navarrete promete al lector el tomo tercero, no se sabe qué sucedió con el manuscrito de este tercer volumen. No obstante, José Mª González, basándose en unos datos que fueron enviados a Roma, señala que el tomo III, aunque nunca salió a la luz, llevaba por título Todas las industrias espirituales y divinas que se han ayudado los Religiosos de la Compañía en la conversión de Chinos  , y añade que en el Archivo Provincial del Convento de Santo Domingo de Manila existen ejemplares. De acuerdo con los datos que le fueron remitidos desde Manila, González ofrece al lector el contenido de dicho tomo. Durante mi trabajo de investigación en el archivo de Ávila no ha sido posible identificar este volumen. Para mayores detalles sobre este asunto, véase: Medina, José Toribio: Bibliografía Española de las islas Filipinas (1523–1810) . Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1898, p. 48; Quétif-Echard (PP.): Scriptores ordinis Praedicatorum recensiti, notisque historicis et criticis illustrati […] Lutetiae Parisiorum [París]: apud  J-B-Christo-phorum Ballard et Nicolaum Simart: 1719–1721, p. 23; e Historia de las misiones dominicanas de China . Madrid: Imprenta Juan Bravo, tomo V: Bibliografías, 1967, p. 1.
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