Los hábitos comunicativos y su influencia en la sofisticación política ciudadana

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En este artículo se creó un indicador para medir el grado de sofisticación política electoral con el fin de, junto al indicador tradicional de sofisticación política, el impacto de las variables comunicativas en su nivel. Para ello, se trabajó con

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  ISSN Impreso 1405-1435, Electrónico 2448-5799, UAEM, núm. 77, mayo-agosto 2018, pp. 99-123 https://doi.org/10.29101/crcs.v25i77.9298 Los hábitos comunicativos y su influencia en la sofisticación política ciudadana 󰀀e influence of communicational habits on the citizens’ political sophisticationCarlos Muñiz / carlos.munizm@uanl.mx https://orcid.org/orcid.org/0000-0002-9021-8198 Universidad Autónoma de Nuevo León, México Martín Echeverría / echevemartin@yahoo.com.mx   https://orcid.org/orcid.org/0000-0001-6071-8725  Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México Alejandra Rodríguez-Estrada / ale0323@gmail.com https://orcid.org/orcid.org/0000-0001-9963-2654  Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México Oniel Francisco Díaz-Jiménez / oniel.diaz@ugto.mx   https://orcid.org/orcid.org/0000-0002-2271-8940 Universidad de Guanajuato, México  Abstract:  In this paper, an indicator to measure the level of electoral political sophistication  was created to determine, along with the traditional indicator of political sophistication, the impact of communicative variables on their presence. For this, an analytical survey was applied aer the elections of governors in the Mexican states of Nuevo Leon (2015), Puebla (2016) and Mexico (2017). Findings showed a positive impact of the follow-up of web pages regarding politics and interactive communication in both dimensions of sophistication as  well electoral debates on electoral sophistication. Key words:  political sophistication, political knowledge, communicational habits, Internet, election campaign. Resumen: En este artículo se creó un indicador para medir el grado de sofisticación política electoral con el fin de analizar, junto al indicador tradicional de sofisticación política, el impacto de las variables comunicativas en su nivel. Para ello, se trabajó con una encuesta analítica aplicada tras las elecciones a gobernador de los estados mexicanos de Nuevo León (2015), Puebla (2016) y Estado de México (2017). Los resultados mostraron un impacto  positivo del seguimiento de páginas web de política y de la comunicación interactiva en ambas dimensiones de la sofisticación, y de los debates electorales en la sofisticación electoral. Palabras clave: sofisticación política, conocimiento político, hábitos comunicativos, Internet, campaña electoral.  Con󰁶ergencia Revista de Ciencias Sociales , núm. 77, 2018, Universidad Autónoma del Estado de México 100 Introducción 1 Una democracia sólida requiere instituciones estables y un sistema político asentado que permita la alternancia en el poder entre las diferentes opcio-nes políticas, a través de la celebración de elecciones libres y justas. Si bien la existencia de estas estructuras es necesaria para lograr el anhelo de un sistema  plenamente democrático, no es suficiente. Es habitual considerar una ciuda-danía comprometida a nivel político y cívico como una de las condiciones  para el buen funcionamiento de la democracia, para lo cual debe estar in-formada sobre los acontecimientos que se desarrollan en el terreno político del país (Buendía y Somuano, 2003; Delli-Carpini, 2004; Delli-Carpini y Keeter, 1996). En la medida en que los ciudadanos estén informados, serán capaces de expresar más correctamente sus juicios y articular de forma más apropiada sus preferencias políticas (Elenbaas et al. , 2014).La motivación o interés para adquirir información sobre política y la habilidad para procesarla y acumularla son elementos clave para la confor-mación del conocimiento político del ciudadano (Luskin, 1990; Zaller, 1992). Las repercusiones del conocimiento político mantenido por el ciu-dadano no sólo impactan en la existencia de una ciudadanía de calidad, sino también en la salud democrática sostenida por la sociedad en su conjunto (de Vreese y Boomgaarden, 2006). Ello ha motivado a que el proceso de ge-neración del conocimiento político y sus repercusiones para el sistema haya sido objeto de estudio desde diferentes disciplinas. Es habitual encontrar en estos trabajos como intercambiables, o al menos muy relacionados, los con-ceptos de conocimiento político, conciencia política (  political awareness ) y sofisticación política (Popa, 2015; Rhee y Cappella, 1997; Zaller, 1992). Este último concepto se tomará como referencia en el presente estudio, al entenderse que puede englobar a los restantes.Contar con individuos sofisticados en el terreno político es crucial para el buen desarrollo de una democracia, pues permite ejercer de manera más eficiente los derechos que como ciudadanos les corresponden. Ello se debe a que estas personas cuentan con un conocimiento más completo y exacto, basado en estructuras de conocimiento mentales sobre política más amplias  y mejor organizadas e integradas (Luskin, 1987 y 1990; Rhee y Cappella, 1997). Esto les permite disponer y utilizar más y mejores recursos cognitivos  para, por ejemplo, realizar una elección de voto bien razonado o participar 1 Este estudio fue financiado por el Programa para el Desarrollo Profesional Docente (Prodep) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).  Carlos Muñiz, Martín Echeverría, Alejandra Rodríguez-Estrada y Oniel Francisco Díaz-Jiménez.  Los hábitos comunicativos y su in   fluencia en la sofisticación política ciudadana 101 en los diferentes terrenos que la democracia pone a su alcance (Buendía y Somuano, 2003; Hollander, 2014; Prior, 2005). Pero aunque una demo-cracia ideal debería contar con una gran cantidad de ciudadanos altamente sofisticados, en la realidad es difícil que esto se produzca (Dassonneville, 2012). Normalmente, los ciudadanos menos sofisticados conforman una importante cantidad en la sociedad, e incluso no es raro que el ciudadano  promedio muestre poco interés por lo que ocurre en el terreno político y que, por tanto, tampoco tenga una especial motivación para buscar infor-mación sobre política.Ahora bien, aunque la ciudadanía esté motivada para acceder a la in-formación (Dassonneville, 2012; Luskin, 1990), no siempre es sencillo obtenerla. De hecho, por lo general, el conocimiento político es adquirido de una forma vicaria a través de los medios (Elenbaas et al. , 2014; Rhee  y Cappella, 1997), donde discurren en buena medida las campañas y los debates políticos. El papel de los medios cobra, por tanto, un peso significa-tivo, pues son mecanismos de traslación y traducción de la realidad política hacia la ciudadanía (Muñiz, 2012). Constituyen en gran medida la principal fuente informativa para gran parte de la sociedad (Cho et al. , 2009; Rojas, 2006; Woolley et al. , 2010), siendo su cobertura informativa de la política la moneda o herramienta con la cual operan las democracias (Gerth y Siegert, 2012). Por tanto, contribuyen a la gobernanza, pues permiten establecer un  vínculo entre las opiniones de los individuos sobre los temas políticos y su decisión electoral (Henderson, 2014). Quizás uno de los momentos políticos donde los medios adquieren un rol fundamental como mecanismo de información sea durante las campañas electorales. De hecho, se ha observado que durante éstas los ciudadanos am- plían su conocimiento de los asuntos públicos (Craig et al. , 2005; Hansen y Pedersen, 2014), lo cual contribuye a que realicen una elección informada. Es posible que estas etapas de la vida política de los países conformen un escenario propicio para el incremento de la sofisticación política ciuda-dana, no tanto la vinculada con el nivel de conocimiento político factual (Weisberg y Nawara, 2010), sino más bien la relacionada con el conocimiento sobre propuestas de campaña, actitudes y competencia de los candidatos que concurren en la contienda electoral (Stevens, 2005). Aunque son abundantes los estudios sobre la sofisticación política vinculada al conocimiento factual (   factual knowledge ) de los ciudadanos, son menos los trabajos que han pres-tado atención a la sofisticación (Van Heerde et al. , 2006) o a la conciencia electoral (Schuck   et al. , 2013) del votante, denominada en este trabajo como sofisticación política electoral.  Con 󰁶ergencia Revista de Ciencias Sociales , núm. 77, 2018, Universidad Autónoma del Estado de México 102 Atendiendo a estas premisas, el presente estudio buscó determinar el  peso de las diferentes prácticas comunicativas realizadas por los ciudadanos –por ejemplo, la atención a contenidos de política, uso de páginas web de  política, visionado de debates electorales, seguimiento de redes sociales y la conversación política– en la generación tanto de la sofisticación política factual como de la sofisticación política electoral. Para ello, se utilizaron los datos provenientes de encuestas aplicadas en los estados mexicanos de Nuevo León (2015), Puebla (2016) y Estado de México (2017), en el contexto de las campañas electorales a la gubernatura de cada una de dichas entidades. Literatura revisada Conceptualización de l   a sofisticación política Si bien el concepto de sofisticación política ha sido ampliamente utilizado en la literatura científica, tanto en disciplinas como la ciencia política, la  psicología o la comunicación política, no existe uniformidad en cuanto a su definición conceptual (Popa, 2015). Como ya mencionaba Luskin (1987 y 1990), en gran medida la investigación elude el debate conceptual para cen-trarse en el terreno operacional de la medición de este concepto. A ello ha contribuido el hecho de que se haya conceptualizado desde dos disciplinas de forma diferente (Rhee y Cappella, 1997). Desde la ciencia política se suele revisar más la naturaleza ideológica del conocimiento político de las  personas; mientras que en la psicología política se trabaja el concepto des-de el proceso de construcción de conocimiento y su utilización por parte de los ciudadanos. Por ello, sus definiciones son múltiples. Algunas la vinculan con la confianza política de los ciudadanos, la cantidad de información que reciben, su interés por la política o su capacidad para realizar juicios políticos (Lee y Chang, 2011). En su trabajo ampliamente citado, Luskin (1987: 860) define a la sofis-ticación política como el “número, diversidad y organización [tanto interna como inter-esquemática] de los esquemas políticos de una persona”. Es decir, la sofisticación se vincula con el nivel de “complejidad cognitiva” de la per-sona, entendiendo que cuanta mayor sea su experiencia política, mayor será su grado de sofisticación política y, por tanto, también su capacidad cognitiva (Lee y Chang, 2011; Zaller, 1992). En este sentido, en la medida en que al-guien posea mayor sofisticación política, también tenderá a prestar más aten-ción a los acontecimientos políticos, así como a tener una mayor capacidad  Carlos Muñiz, Martín Echeverría, Alejandra Rodríguez-Estrada y Oniel Francisco Díaz-Jiménez.  Los hábitos comunicativos y su in   fluencia en la sofisticación política ciudadana 103  para comprenderlos (Zaller, 1992: 21). Es decir, el ciudadano tendrá una ma- yor conciencia política (  political awareness ) por atender lo que ocurre en su entorno, lo cual contribuirá a aumentar su conocimiento político expresado en ideas objetivas y bien formadas acerca del sistema (Schuck et al. , 2013). Así pues, un ciudadano sofisticado es aquel que tiene “un compromiso intelectual o cognitivo […] con los asuntos públicos” (de Vreese et al. , 2011: 183); esto es, que cuenta con estructuras cognitivas o esquemas políticos complejos, profundos y organizados (Dassonneville, 2012; Miller, 2011; Stevens, 2005), los cuales se usan para procesar información, valorar a los actores políticos e identificar y articular sus intereses para comprometerse  y participar en política de una manera más provechosa (Delli-Carpini y Keeter, 1996). Estas estructuras presuponen el conocimiento político factual del ciuda-dano, entendido como las nociones acerca del sistema político, su estructura, funcionamiento y reglas de juego, y de sus principales actores protagonistas  y actividades dentro del sistema, las cuales —frente a las opiniones subjeti- vas— pueden ser verificadas objetivamente (Delli Carpini y Keeter, 1996; Popa, 2015; Rhee y Cappella, 1997). Esta centralidad del conocimiento en la configuración de un ciudadano sofisticado ha llevado a que una parte de la literatura la haya utilizado como sinónimo de sofisticación (Buendía  y Somuano, 2003; Delli-Carpini y Keeter, 1996), al señalar que es la única medida común en todos los estudios realizados (Rhee y Cappella, 1997). Frente a esta concepción restringida de la sofisticación política que la  vincula únicamente con una medida de conocimiento político, otros auto-res han planteado la necesidad de contar con más elementos para ofrecer una definición adecuada de lo que se espera de un ciudadano sofisticado (Miller, 2011; Muñiz, 2012). Así, por ejemplo, Guo y Moy (1998) señalan que la sofisticación también deriva del nivel de interés político que mantiene el ciudadano para adquirir la información. Esta idea también es planteada por autores como Catellani y Alberici (2012) o Dassonneville (2012: 27), quien señala que “las variables relacionadas con la sofisticación política […] son ‘los sospechosos habituales’, conocimiento político e interés en la política”. Así, al igual que se pueden presentar diferentes niveles de conocimiento, también se  puede presentar especialización y niveles en el interés hacia la política, contri-buyendo a que no todos los ciudadanos se involucren por los mismos temas ni en la misma medida (Dalton, 2006; Norris, 2000). Por tanto, cuanto más se informe y reflexione un ciudadano sobre temáticas que considere de alto interés, más plausible es que también desarrolle mayores niveles de sofistica-ción política personal (Muñiz, 2012).
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