La justicia y el amor, la Iglesia y el Estado. Paráfrasis de Deus caritas est.pdf

Description
La justicia y el amor, la Iglesia y el Estado. Paráfrasis de Deus caritas est.pdf

Please download to get full document.

View again

of 23
All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
Information
Category:

Finance

Publish on:

Views: 0 | Pages: 23

Extension: PDF | Download: 0

Share
Tags
Transcript
    LA JUSTICIA Y EL AMOR, LA IGLESIA Y EL ESTADO PARÁFRASIS DE  DEUS CARITAS EST Francisco Javier Martínez Real 1. PRESENTACIÓN   1.1. El amor en dos parábolas Aunque fechada un mes antes,  Deus caritas est   (Dios es amor), la primera encíclica de Benedicto XVI, vio la luz el pasado 25 de enero. En algunos medios se ha querido atribuir a tal documento un carácter programático para el actual pontificado, pero, sea lo que fuere de la validez de tal pretensión, lo cierto es que su contenido resulta esclarecedor, no sólo para los católicos, sino para cualesquiera personas dispuestas a hacerse preguntas sustanciales sobre Dios y sobre la vida humana, tanto en su vertiente individual como social. La encíclica está dividida en dos partes. La primera de ellas, de corte más bien especulativo, se propone precisar algunos puntos esenciales sobre el amor ofrecido por Dios a la humanidad. La segunda, de índole más concreta, trata acerca del cumplimiento eclesial del amor al prójimo. El presente artículo no pretende abordar todo el contenido de  Deus caritas est  , sino únicamente aquellos elementos de la misma que vienen a encuadrarse en lo que bien podríamos llamar una ética política fundamental. No se trata en absoluto de que el Papa intente ofrecer un tratado exhaustivo en esa materia, sino únicamente algunos elementos básicos que, a nuestro entender, permiten salvaguardar la herencia del Concilio Vaticano II y, al mismo tiempo, estar a la altura de las mejores exigencias de nuestras sociedades democráticas. Nuestra intención, por lo demás, no es reproducir miméticamente tales elementos, sino parafrasearlos, es decir, interpretarlos amplificativamente, con vistas a desentrañar sus potenciales alcances y mostrar su conexión con la problemática y el pensamiento político moderno y contemporáneo. La encíclica, como queda dicho, se da por tema el amor. En su desarrollo queda claro que el amor al prójimo, indisolublemente unido al amor a Dios, es tarea no sólo de cada uno de los fieles, sino de la Iglesia tomada en su conjunto. De ahí la necesidad de una caridad institucionalmente organizada (cf. nn. 20-24, 29). Benedicto XVI recuerda muy oportunamente la doctrina eclesiológica según la cual,  junto al anuncio de la Palabra de Dios o martyria y a la celebración de los sacramentos o leiturgia , también el servicio del amor o diakonia  pertenece a la naturaleza íntima de la Iglesia. “La caridad   -resume- es manifestación irrenunciable de su propia esencia”  (n. 25).   Se trata, en efecto, de una más que pertinente llamada de atención. Vivimos tiempos en que, afectados por las corrientes culturales dominantes, en algunos ambientes cristianos se tiende a medir la autenticidad de la experiencia religiosa por el bienestar psicológico logrado en determinados momentos de cultivo de la interioridad, llámense oraciones o como se quiera. A pesar de su acentuada preocupación en ese sentido, ni la teología política de corte europeo ni la latinoamericana de la liberación 1  han logrado debilitar sustancialmente esa seudoespiritualidad cristiana que debe su falsedad al hecho de construirse de espaldas al criterio evangélico que permite valorar definitivamente una vida humana. Estamos refiriéndonos a la parábola del juicio final (Mt. 25,31-46), en la que Jesús, como resume Benedicto XVI, “se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los  forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados”  (n. 15). En otro lugar de la encíclica se acude también a la parábola del buen samaritano (Lc. 10,29-37) en busca de fundamentación bíblica para el carácter constitutivo que la diakonia  tiene para la Iglesia y la vida cristiana: “Sigue siendo -se dice de esta segunda parábola- el  criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado «casualmente» (Lc. 10,31), quienquiera que sea” . Resulta, en suma, que el ejercicio del amor a los pobres pertenece a la naturaleza de la Iglesia, y el mismo, como ya hemos señalado, no es reductible a sus manifestaciones individuales o espontáneas, sino que requiere una entidad de tipo institucional. 1.2. Una objeción contra el amor en nombre de la justicia Hechas estas observaciones introductorias cuya finalidad no era otra que contextualizar, tenemos ya que adentrarnos en nuestro tema. La consideración que permite a la encíclica introducir la cuestión de la justicia es la siguiente: “Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista.  Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad -la limosna- serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten  ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores”  (n. 26). 1  Pueden considerarse como obras paradigmáticas de las mismas respectivamente las siguientes: METZ, Johann Baptist: La fe en la historia y en la sociedad.  Madrid, Cristiandad, 1979; GUTIÉRREZ, Gustavo: Teología de la liberación.  Salamanca, Sígueme, 1968.   Ocupémonos, antes de nada, de una de las partes de verdad contenidas en la citada objeción. Tal y como un certero análisis permite a Benedicto XVI identificar, en efecto sucede que, con la irrupción de la moderna sociedad industrial, la justicia del orden social pasó a tener como cuestión decisiva la relación entre capital y trabajo, o, lo que es igual, entre propietarios y no propietarios del capital (sea el productivo, es decir, los medios de producción o empresas, sea el financiero). A ese respecto la encíclica entiende que el poder concentrado en manos de los empresarios y de los propietarios del dinero “comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse”  (n. 26). Eso equivale a decir, a nuestro modo de ver, que el análisis marxista en este punto sería correcto 2 . Más aún, el Papa no tiene ningún empacho en reconocer que “los representantes de la Iglesia  percibieron sólo lentamente que el problema de la estructura justa de la sociedad se planteaba de un modo nuevo”  (n. 27). Realmente se agradece semejante gesto de honestidad histórica, pues cabe decir, a modo de mera indicación sintomática de la realidad eclesial decimonónica a que aquí se apunta, que transcurrieron 43 años desde que Marx y Engels publicaron su  Manifiesto del partido comunista  (1848), vademécum para un movimiento obrero ya socialmente muy significativo y crecientemente articulado, hasta que León XIII sacó a la luz  Rerum novarum  (1891), primera encíclica o documento fundacional de la doctrina social de la Iglesia, mediante el cual el papado prestó por fin atención a la dada en llamar cuestión obrera. Cabe, por lo demás, completar  Deus caritas est   en ese punto afirmando que, del mismo modo que aquellas condiciones de explotación de los trabajadores durante el período del llamado capitalismo liberal han sido mitigadas en algunos países mediante el llamado Estado de Bienestar o fórmulas políticas semejantes de redistribución de la riqueza, en otros -la mayoría y, en general, los más pobres- tales condiciones siguen estando perfectamente vigentes. Así lo ha denunciado repetidamente la doctrina social de la Iglesia, por ejemplo Juan Pablo II en Sollicitudo rei socialis . Es, como decimos, a partir de la consideración de esa recusación de la caridad a expensas de la justicia como la encíclica aborda los siguientes dos puntos: por un lado, la relación entre la Iglesia y el Estado a propósito de la justicia y, por el otro, la cuestión explícitamente planteada por tal objeción, a saber, la relación entre la acción caritativa de la Iglesia -o, en general, el amor- y la justicia. Veamos ahora ya el primero de ellos. 2  Ya Juan Pablo II reconoció que el conflicto entre trabajo y capital tuvo un carácter objetivo, anterior a su ideologización como lucha de clases en el pensamiento marxista (cf. Laborem exercens , 11d, 13d).    2. LA JUSTICIA, LA IGLESIA Y EL ESTADO   2.1. La justicia, tarea inmediata y medida intrínseca del Estado  Deus caritas est   enseña claramente que no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino del Estado, el establecimiento de la justicia. Cita a ese respecto la vieja sentencia agustiniana según la cual, al margen de la justicia, los Estados no pueden ser sino grandes latrocinios 3 , es decir, actos propios de bandidos. Santo Tomás de Aquino -aunque no citado en la encíclica, su pensamiento ha resultado decisivo para la Iglesia en el asunto que nos ocupa, entre otros muchos- habría dicho en ese mismo sentido que la razón de ser de la autoridad política es precisamente la salvaguarda de la justicia, y que ésta se ordena al bien común 4 . Así ha sido asumido, de hecho, en la doctrina social de la Iglesia 5  y esa es precisamente la concepción que Benedicto XVI ha querido verter en su encíclica. Nos permitimos avanzar un pequeño complemento a lo explícitamente dicho en  Deus caritas est   a ese respecto. Dado que, siguiendo a Santo Tomás, la Iglesia ha entendido que la justicia se ordena al bien común y se define como la voluntad de dar a cada uno lo que le es debido en derecho 6  y dado, por otra parte, que nuestra época reconoce los derechos humanos como aquello que es debido a toda 3   “Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?” (SAN AGUSTÍN: De civitate Dei , IV, 4). Vale la pena citar el conjunto del capítulo: “Sin la virtud de la justicia, ¿qué son los reinos sino unos execrables latrocinios? Y éstos, ¿qué son sino unos reducidos reinos? Éstos son ciertamente una junta de hombres gobernada por su príncipe, que está unida entre si con pacto de sociedad, distribuyendo el botín y las conquistas conforme a las leyes y condiciones que mutuamente establecieron. Esta sociedad, digo, cuando llega a crecer con el concurso de gentes abandonadas, de modo que tenga ya lugares, funde poblaciones  fuertes y magnificas, ocupe ciudades y sojuzgue pueblos, toma otro nombre más ilustre llamándose reino, al cual se le concede ya al descubierto, no la ambición que ha dejado, sino la libertad, sin miedo de las vigorosas leyes que se le han añadido; y por eso con mucha gracia y verdad respondió un corsario, siendo preso, a  Alejandro Magno, preguntándole este rey qué le parecía cómo tenía inquieto y turbado el mar, con arrogante libertad le dijo: y ¿qué te parece a ti cómo tienes conmovido y turbado todo el mundo? Mas porque yo ejecuto mis piraterías con un pequeño bajel me llaman ladrón, y a ti, porque las haces con formidables ejércitos, te llaman rey”.   4  Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO: Summa theologiae , II-II, q. 66 y 58 respectivamente. 5  Cf. PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’: Compendio de la doctrina social de la Iglesia , 193. 6   “La justicia es el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho”  (SANTO TOMÁS DE AQUINO: Summa theologiae , II-II, q. 58, a. 1). “La justicia dispone a respetar los derechos de cada uno”  ( Catecismo de la Iglesia católica , 1807). Cf. PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’: Compendio de la doctrina social de la Iglesia , 201.
Related Search
Similar documents
View more...
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks