El rol de los sectores populares en la Invención del Pueblo: ¿comunidades imaginadas o fabricadas?

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  Teresa J. Zañartu Torres Pontificia Universidad Católica de Chile Historia Historia de América S. XIX 17200 Prof. Diego Vilches  Ayudantes: Trinidad Leyton Camila Sanhueza El rol de los sectores populares en la Invención del Pueblo: ¿comunidades imaginadas o fabricadas?  El comienzo del siglo XIX trajo desafíos nunca antes vistos a las todavía colonias españolas en  América. Las ideas ilustradas que se habían gestado desde hace aproximadamente dos siglos se plasmaron concretamente en revoluciones en las Trece Colonias (1776), y en Francia (1789), que definitivamente cambiarían el mundo moderno. Esta coyuntura de eventos e ideas ciertamente influenció a América, y desencadenó, a largo plazo, los procesos revolucionarios a principios de 1800s. Con la captura de Fernando VII en 1808, el problema de la representación, que comenzó en defensa del monarca cautivo con las juntas formadas a lo largo de todo el continente, fue evolucionando y radicalizándose hasta transformarse en revoluciones independentistas propiamente tales. Así surgirían los Estados americanos actuales. En este proceso, cabe destacar la construcción de una ficción: la nación. Este concepto, que se asocia normalmente con el de “pueblo” en abstracto, fue fundamental para po der legitimar sobre él todo el gobierno y el sistema político que sostendría al mismo Estado. Sin embargo, la Invención del Pueblo es cuestionable en su sentido más puro. Tomando en cuenta las distinciones que hace Benedict Anderson, rescatadas en los textos de Edmund Morgan, se podrá establecer que, en su sentido más estricto, en ciertas regiones americanas no ocurre tal invención 1 , sino más bien una imaginación. Además, la noción de una ciudadanía en la que residía la soberanía se arrastraba, al menos filosóficamente, desde hace siglos. Más allá de si se llevó a cabo o no, cuándo y dónde, el rol de las clases populares en este proceso fue variado, en el plano teórico como en el práctico. Lamentablemente, al intentar importar conceptos europeos, provenientes de un contexto distinto, las clases populares fueron, concretamente, excluidas  A través del uso de fuentes secundarias y de ejemplos en los distintos países, se demostrará que la Invención del Pueblo no es un concepto unívoco, y que en las revueltas definitivas que llevaron directamente a la Independencia, las clases bajas fueron el sustento teórico, a la vez que fueron excluidos en la práctica, del sistema político estatal. Primero, es importante delimitar y cuestionar el concepto de “Invención del Pueblo”, introducido por Morgan, argumentando que cada minoría debe hacerle creer a la mayoría en una ficción, para así poder gobernar  2 . Para esto, se pueden tomar como base las ideas de Benedict Anderson, al que también hace referencia el mismo Morgan. Primero, se explica el concepto de comunidad imaginada, que está íntimamente 1  Como sinónimos de invención 2  Cf. Edmund Morgan, La Invención del pueblo , Pág. 12  asociada al proceso de la invención del pueblo (tomando “pueblo” como sinónimo de “nación”). Es una comunidad porque “se concibe siempre como un compañerismo profundo” 3 ; imaginada no porque todos los miembros de la nación se conocen personalmente entre todos 4 , sino porque conocen de la existencia abstracta del otro. Agregando también la limitación, la nación, el pueblo es una abstracción o ficción de comunidad que se forma a partir de factores concretos de la totalidad de la sociedad civil en una determinada zona geográfica 5 . Después, se debe diferenciar la invención con la fabricación de la nación. Contrario a lo que Geller argumenta 6 , los conceptos no son iguales. Se fabrica cuando hay un marcado dejo de falsedad y artificialidad en su construcción; se imagina cuando se crea a partir de ingredientes ya previamente existentes. En este sentido, las experiencias en las distintas naciones sudamericanas son muy diversas. Tomando en cuenta el concepto anterior, el pueblo como ente en donde, al menos teóricamente, residía la soberanía, ya se arrastraba desde antes de la Ilustración. San Isidoro de Sevilla ya planteaba el concepto de que si el Rey no era un buen monarca, el pueblo, sobre quien residía la soberanía, podía tomarla de vuelta, quitándole el derecho de gobernar. Por lo tanto, la soberanía retornaba al pueblo. Es este argumento, de hecho, sobre el que se fundó el argumento que llevó a la formación de juntas de gobierno tanto en España como América, ya que la soberanía retornaba al pueblo y no recaía sobre José Bonaparte, rey español impuesto por su hermano Napoleón 7 . En Inglaterra, en la antesala de la Revolución, se trajo a colación un concepto parecido que tenía como eje central la soberanía popular  8 . En este sentido, el concepto de nación como algo novedoso y construido post revoluciones europeas y americanas no aplica, pues ya existía la noción de una abstracción de gente que detentaba y delegaba la soberanía. En este sentido, los casos de Chile y Perú, principalmente, son ilustrativos de una creación de la nación, de la invención (y no la fabricación de un pueblo). Como dice Aillon, Chile ya tenía, previa declaración de Independencia, una identidad nacional más consolidada que sirvió como sustrato para la construcción del 3  Cf. Anderson, Benedict. Comunidades Imaginadas: Reflexión sobre el srcen y la difusión del nacionalismo. México. FCE, 1993, Pág. 25 4  Cf. IBID., 23 5  Cf., IBID., 24 6  Cf., IBIDEM 7  Cf., François-Xavier    Guerra , Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas . México, Fondo de Cultura Económica. Introducción, 1993, p. 322 8  Cf., Morgan, Op. Cit., 81  nuevo Estado 9 . Su ostracismo geográfico logró que, especialmente a finales del siglo XVII y principios del XVIII, la población se individualizara y separara, considerándose “chilenos” y no “españoles” 10 . Por lo tanto, la creación del pueblo durante la construcción del Estado chileno fue sólo una concreción que afianzó una ficción que se venía desarrollando, aunque más primitivamente, desde antes. Perú, por su parte, al ser un virreinato y cuna del Imperio Inca 11 , ya tenía fuerte elementos de identidad, transversal a estratos sociales, en los que se fundó la nación post Independencia. Es más, incluso antes de la definitiva, ocurrieron varias revueltas 12   que derriban el mito de la llamada “Independencia concedida”, como la plantea Scarlett O’Phelan 13 , las que evidentemente refuerzan el carácter de Perú como una comunidad imaginada en que la Invención del Pueblo no fue impuesta desde arriba. El gobierno peruano solamente tuvo que rescatar elementos de la cultura incaica, afirmarlos, y sobre ellos sostener una cultura en la que fundarían todo un sistema político. Sin embargo, en Bolivia hay una clara fabricación del pueblo, con una ficción de nación en extremo abstracta y con poco sustento en los hechos, impuesta por la delegación el 6 de agosto de 1825 (lo cual da cuenta también de la poca organización dentro de los vecinos, para organizarse después de 1808), cuando decidieron no ser parte ni del Río de la Plata, ni de Perú. Se requeriría un amplio espacio para enumerar todos los factores que llevan a colegir la fabricación del pueblo boliviano a partir de distintas etnias que no se sentían parte de tal, que ni en 1930 sabían por qué fueron a morir a la Guerra del Chaco 14 . Otra zona en la que se puede observar una fabricación del pueblo, más que una invención o imaginación, es Brasil. Como Joao Pimenta plantea, fue la Independencia brasileña la que causó el surgimiento de la nación, y no al revés 15 . Carvalho argumenta, poniendo énfasis en las distintas denominaciones de esa zona geográfica 16 , que “Brasil es […] un país del futuro” 17 . Incluso la palabra “Brasil” no provendría del 9  Cf. Esther Aillón Soria, “De Charcas/Alto Perú a la República de Bolivar/Bolivia. Trayectorias de la identidad boliviana , en José Carlos Chiaramonte (et. Alt), Crear la nación. Los nombres de los países de América Latina , Buenos Aires, Sudamericana, 2008, Pág 132 10  Cf. Lynch, John, Las revoluciones hispanoamericanas 1808- 1826, Barcelona, Editorial Ariel, 2001. pp 110-146 11  Cf. Scarlett O`Phelan, “El mito de la independencia concedida: los programas políticos del Siglo XVIII y del temprano XIX en el P erú y Alto Perú, en Histórica , Vol. 9, Nº 2, 2014, Pág   166 12  Cf., IBID., 157 13  Cf., IBID., 155-156 14  Cf., Aillon Op. Cit., 148 15   Cf., Joao Pimenta, “La independencia de Brasil como revolución: historia y actualidad sobre un tema clásico”, en Nuevo Topo. Revista de historia y  pensamiento crítico , N° 5, Buenos Aires, 2008. Pág. 23 16  Que denosta el intento  – fallido- de dotar de una identidad individual permanente a Brasil, al ser el nombre de una nación  – y su srcen- de suma importancia 17  Cf., José Murillo de Carvalho, “Brasil, Brazil: sueños y frustraciones”  en José Carlos Chiaramonte (et. Alt), Crear la nación. Los nombres de los  países de América Latina , Buenos Aires, Sudamericana, 2008, Pág. 37  portugués, sino del alemán 18 , lo que refuerza el intento de formar una comunidad nacional “desde arriba”. Lo único que pareciese hacer pasar a esta nación, aunque sea por unos instantes, de una comunidad fabricada a una imaginada, es cunado juega su selección de fútbol 19 . Es ahí cuando las banderas, símbolo eminente de una nación, es izada 20 . El mismo Carvalho lo sintetiza perfectamente “es el único mom ento en el que los brasileños, incluso las poblaciones indígenas, se identifican en un sentimiento común de solidaridad que la patria política no proporciona” 21 . Es claro que hay más rasgos de una fabricación del pueblo, más que de una creación de una comunidad nacional. En el caso argentino, también autores como Chiaramonte hacen hincapié en el nombre de la nación, su srcen y aceptación dentro de los miembros de la comunidad como signo de verdadera identidad compartida, y no de una abstracción artificial de pueblo. El gentilicio “argentinos” se usaba principalmente para los habitantes porteños del Río de la Plata, y no identificaba en lo absoluto a los habitantes de las provincias de interior de la actual Argentina, que sin embargo no tuvieron otra opción más que la resignación 22 . Incluso, en 1839 había un Estado independiente que cubría la provincia de San Juan 23 , lo cual, nuevamente, denota el nivel de unidad real dentro del país. La fabricación del pueblo, a través de las concesiones como signo de tregua entre Buenos Aires y el resto de las provincias, era un costo necesario para que el Estado político y la República pudieran perdurar  24 . La construcción de la ciudadanía, a partir de la nación, fue “accidentada y poco exitosa” 25 , al menos para esa etapa. Por lo tanto, si bien terminaron uniéndose en pos de un bien mayor, los políticos argentinos fabricaron, de las distintas provincias, un pueblo refundido que pudiese sostener al sistema de gobierno, el cual casi colapsa 26 .  Ahora bien, el rol de los sectores populares en la abstracción de este pueblo (ya sea fabricado o imaginado) es variado. El ideal de los libertadores americanos y sus sucesores fue tomar los conceptos de 18  Viniendo de brasa, palabra alemana, Cf., IBIDEM., 25 19  IBID., 37 20  Cf., IBIDEM 21  Cf., IBIDEM 22  Cf., José Chiaramonte, “Del Río de la Plata a la Argentina”, en José Carlos Chiaramonte (et. Alt), Crear la nación. Los nombres de los países de  América Latina , Buenos Aires, Sudamericana, 2008. Pág. 89 23  Cf., IBID., 69 24  Cf., IBID., 90 25   José Carlos Chiaramonte, “Ciudadanía, soberanía y representación en la génesis del Estado arg entino (c.1810- 1852)” en: Hilda Sábato (coord.),     Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina , México, FCE, 1999. Pág 95 26  Cf., Lynch Op. Cit., 73-84
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