De plumas y pinceles: texto y visualidad en la crítica de arte en Chile, en la segunda mitad del siglo XIX

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En: Juan Manuel Martínez y Marcela Drien (editores). Estudios de Arte, Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago 2008.

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  DE   PLUMAS   Y   PINCELES: TEXTO   Y   VISUALIDAD   EN   LA   CRÍTICA   DE   ARTE   EN   CHILE,   EN   LA   SEGUNDA   MITAD   DEL   SIGLO   XIX Gloria Cortés Aliaga Historiadora del Arte Magíster © en Historia del Arte Universidad Adolfo Ibáñez RESUMEN El siglo XIX es un período de profundos cambios sociales, culturales y especialmente políticos que traen consigo una renovación en el mundo de las artes. En este contexto, también la labor periodística cobra mayor importancia tanto en la difusión de la actividad plástica, como en la elaboración de un discurso crítico. Y en ella participarán, tanto periodistas como intelectuales y artistas, quienes –desde su particular punto de vista- definirán el desarrollo del género de la crítica de arte en Chile durante el siglo XIX. ABSTRACT The 19 th  Century is a period of deep social, cultural and mainly political changes, which implies a renovation in the art world. In this context, the  journalistic work also gets higher importance in the diffusion of the plastic activity as well as in the elaboration of a critical speech, in which will participate, journalists, intellectuals and artists, who will define– from their particular point of view – the development of the art criticism gender in Chile during the 19 th  Century.      La historia de la crítica de arte en Chile, requiere de un análisis de sus modos discursivos en sus diferentes momentos históricos. Si bien, los límites de sus inicios formales no están claros, desde la Colonia podemos descubrir observaciones estéticas de la voz de religiosos, historiadores e intelectuales cuyos relatos se pueden encontrar en los Archivos de las órdenes religiosas o de encargos particulares, aludiendo principalmente al estado de belleza de un objeto. Así, por ejemplo, se repetirán frases tales como, “ bellísima estatua”, “groseros defectos”, “rica cabellera y hermoso rostro”, entre otros. Pero es la Era Republicana y el nacimiento de la Academia en 1849, la que trae consigo no sólo la consolidación de la Nación moderna, sino también parece consignar una crítica especializada. Al menos, en la teoría. Intelectuales, artistas, coleccionistas y otras personalidades chilenas se encontraron, de pronto, con un nuevo género sobre el cual indagar: la crítica de arte unida al desarrollo de las exposiciones y salones nacionales e internacionales. A estas alturas, el contacto con Europa y sus medios artísticos había motivado una prensa asentada sobre sólidas bases, y la presencia de escritores, poetas y políticos de nuevas generaciones, permitió el desarrollo de prácticas periodísticas nuevas. La caricatura y los carteles toman su sitio en los medios de difusión escrita, añadiendo visualidad a los textos con un sentido irónico sobre la real situación del país y las Bellas Artes. Es así como comienzan a aparecer interesantes artículos en la “Revista de Santiago”, donde publicarán en 1849 y 1850 Miguel Luis Amunátegui y Francisco de Paula Matta, respectivamente. Conocido es el texto de Amunátegi “Apuntes de lo que han sido las Bellas Artes en Chile” donde resume la actividad plástica ejecutada en nuestro país desde la Colonia. Sin duda, llama la atención la gran cantidad de párrafos que dedica a los artistas quiteños, donde señala,  “Los quiteños no saben combinar la luz i la sombra i por eso no  producen ningun efecto... no tiene perspectiva. ¿I que decir del modo como dibujan? Salta a los ojos que no han aprendido. No son figuras humanas, son monstruos los que delinean” 1   Esta apreciación negativa sobre el arte desarrollado por los ecuatorianos, tiene su fundamento más evidente en la presencia de cultores del arte neoclásico y en los viajes a Europa de los jóvenes intelectuales, lo que srcina toda una generación de transición donde los cánones clásicos se entremezclan con el romanticismo. Jóvenes ilustrados, positivistas y masones, que abogan un estado del ambiente artístico nacional a la altura de las nuevas Repúblicas. Por ello, el texto de Amunátegui parece, también, centrar la atención sobre un pequeño grupo de pintores para, de ese modo, justificar una realidad de las Bellas Artes chilenas de entonces: la casi total ausencia de artistas nacionales que satisficieran las demandas de la burguesía. En 1865, un artículo de similares características y fundamentos publicará el pintor Pedro Lira, en los “Anales de la Universidad de Chile”. También delinearán textos críticos los intelectuales Manuel Talavera, en “El Progreso”; José Gandarillas, Eusebio Lillo y Diego Barros Arana, en “El Museo” y Benjamín Vicuña Mackenna en diversos medios escritos 2 , siendo los textos más importantes, quizás, en lo que a nuestra materia se refiere, las “Páginas de mi diario durante tres años de viaje: 1853- 1854- 1855”   y el publicado en 1885 a raíz de la Exposición realizada un año antes. El texto, “El arte nacional i su estadística ante la exposición de 1884”, establece una narración cronológica 1  Miguel Luis Amunátegui, “Apuntes de lo que han sido las Bellas Artes en Chile”,  Revista de Santiago , Tomo III, 1849, pág. 44. 2  Pereira Salas, Eugenio.  Estudios sobre la Historia del Arte en Chile Republicano , Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1992, págs. 146 y 147.  de las exposiciones oficiales realizadas en Chile a partir de 1858, construyendo un relato crítico sobre la situación de las artes nacionales y los artistas presentes en la escena chilena. Las formas discursivas, como el contenido establecido, variarán según los medios en los que estos escritores participarán indistintamente, estableciendo estrategias para uno y otro. Pero la visión general, será la búsqueda de una conformación cultural identitaria de una Nación, que ve en el arte y la educación, la condición necesaria para la modernización y un requerimiento indispensable para ingresar a los circuitos comerciales internacionales. De esta forma, serán los encargos de monumentos, exposiciones y salones y la trayectoria de los artistas en cargos oficiales, los principales motivos de estos escritores, que utilizarán sus más finas herramientas en el desarrollo de discursos y directrices técnicas y filosóficas para la crítica de arte en Chile. La mayor de las veces, ligados a contextos políticos donde el arte se transforma en excusa, en el que también el relato descriptivo y anecdótico sobrelleva, en algunos momentos, la carga de la narración, y donde el modelo francés servirá de referente para el desarrollo de una crítica de arte incipiente. En el siguiente artículo, analizaremos tres instancias de crítica desarrolladas durante la segunda mitad del siglo XIX: las caricaturas de Antonio Smith en “El Correo Literario” en 1858, las opiniones de Marcial González respecto a la pintura chilena en “El Correo de la Exposición” en 1875 y la crítica a los monumentos erigidos en las últimas décadas del siglo, en los textos y caricaturas publicados por Juan Rafael Allende.  1. “Un pintor, que era un portento”. Antonio Smith y la caricatura al  pintor Alejandro Ciccarelli La segunda mitad del siglo XIX se inició con cambios importantes en el ámbito de las artes en Chile. Los jóvenes intelectuales viajaron a Europa, motivados por el proceso de europeización que vivió la sociedad chilena desde 1830. Francia y Londres se convirtieron en los destinos favoritos de estos  jóvenes que, a su regreso, contribuyeron a cambiar las costumbres tradicionales del país. Es así que comienzan a proliferar publicaciones nacionales en formatos de prensa, dirigidos por poetas como José Antonio Torres, redactor de “El Progreso”, “El Correo Literario” y “El Mercurio” o bien, Juan Rafael Allende, director de “El Jeneral Pililo”, “Poncio Pilatos”y “El Padre Padilla”, entre otros. Con un carácter mas bien doctrinario, la prensa nacional difundió sus ideales políticos con la participación de los más influyentes y diversos personajes que incursionaron en el mundo del periodismo. Poco a poco la ilustración y el imaginario local comienzan a tomar fuerza en las páginas de estos pasquines criollos. Y así, “El Correo Literario” nace en 1858 como el primer periódico ilustrado por un artista chileno, Antonio Smith Irisarri, que utilizará la caricatura como medio de expresión de la contingencia política nacional y de sus protagonistas. Es al mismo José Antonio Torres, redactor del periódico, a quien vemos en una caricatura-autorretrato de Smith, ilustrando las páginas del “Correo Literario”, pero también serán retratados Eusebio Lillo, Guillermo Blest Gana, Miguel Luis Amunátegui, Diego Barros Arana, entre otros. Todos ellos, del círculo cercano del pintor. Con ello, Smith elabora una sólida estrategia al presentarse a sí mismo y a sus amigos en las ilustraciones del “Correo”. De
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