'Cuerpos rebeldes' contra la escalada del acoso y el asalto sexual en las calles de Egipto tras la revolución de 2011

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  702 ANUARI DEL CONFLICTE SOCIAL 2013 7.2   'C UERPOS REBELDES '  CONTRA LA ESCALADA DEL ACOSO Y EL ASALTO SEXUAL EN LAS CALLES DE E GIPTO TRAS LA REVOLUCIÓN DE 2011 Susana Galán 1   La violencia sexual se ha convertido en una constante en las concentraciones políticas que se han multiplicado en Egipto tras la caída del régimen de Hosni Mubarak, con efectos muy negativos sobre la presencia de las mujeres en los lugares de protesta y, de forma más general, su participación en la transición política del país.  2  A pesar del interés y la preocupación que este incremento de la violencia ha despertado tanto en círculos académicos como en activistas, pocos estudios se han ocupado hasta el momento de establecer conexiones entre estos ataques y una cuestión que ha centrado la atención de numerosas asociaciones de mujeres egipcias desde, por lo menos, mediados de los años 2000: el acoso sexual callejero.  3  Entre las voces que, de forma excepcional, han explorado esta relación destacan Paul  Amar y Deniz Kandiyoti, cuyos análisis de la violencia sexual en el Egipto post-   1  Susana Galán es una estudiante de doctorado del programa de Women's and Gender Studies en Rutgers University (Estados Unidos). Galán es licenciada en Periodismo (Universidad  Autónoma de Barcelona, 2000) y tiene un Máster de Estudios Europeos (Europa-Universität Viadrina, 2005). 2  Según un informe elaborado por varias asociaciones egipcias, los asaltos sexuales contra mujeres manifestantes alrededor de la plaza Tahrir no han cesado desde el mes de marzo de 2011, apenas un mes después de la dimisión de Hosni Mubarak. Estos ataques alcanzaron niveles máximos de virulencia durante el primer y el segundo aniversario de las revueltas de 25 de enero de 2011, en los meses de junio y julio de 2012, en noviembre de 2012 (El-Nadeem et al.  2013) y durante la intervención militar de julio de 2013. 3   Por acoso sexual entiendo la “conducta sexual no deseada perpetrada deliberadamente por [un] acosador, resultando en el abuso sexual, físico o psicológico de la víctima, independientemente del lugar [en que ésta se produzca], sea éste el lugar de trabajo, la calle, el transporte público, una institución educativa, o incluso en lugares privados como el hogar o en compañía de otros como familiares y compañeros de trabajo, etc.” (ECWR, 2010: 13). El acoso sexual callejero, o “acoso por parte de un extraño en lugares públicos” es, según el Centro Egipcio por los Derechos de las Mujeres (ECWR en sus siglas en inglés), la forma de acoso sexual más frecuente en Egipto (ídem). Esta puede incluir “miradas, gestos, proposiciones sexuales, preguntas de tipo privado o sexual, la muestra de fotos o imágenes sexuales, tocamientos no deseados, etc.” (ídem).    703 ANUARI DEL CONFLICTE SOCIAL 2013 revolucionario han servido para avanzar en la comprensión de este fenómeno, iluminando la responsabilidad de las fuerzas de seguridad en estos ataques (Amar, 2011) y las particulares condiciones sociales que permiten explicar, al mismo tiempo, la escalada de la violencia y la multiplicación de la resistencia contra ésta (Kandiyoti). 4  Tomando estos dos autores como punto de partida, en este artículo quiero desarrollar un marco de análisis que permita estudiar ambas cuestiones  – los asaltos sexuales en protestas y el acoso sexual callejero  –  de manera conjunta a través de dos conceptos desarrollados por Michel Foucault, la noción de cuerpos dóciles,  en   su variante feminista articulada por Sandra L. Bartky y Susan Bordo, y la de gubernamentalidad.  Teniendo en cuenta la distribución geográfica de los asaltos y el acoso sexual callejero en el Cairo, quiero sugerir que la violencia sexual no es un fenómeno dado, que aparece de forma natural e inevitable en situaciones de inestabilidad social y política, sino una de las muchas tecnologías de “gubernamentalidad espacial” ( Merry, 2001) desplegadas por una amplia variedad de actores (el régimen autoritario, el ejército, y los partidos conservadores, entre otros) para gestionar  – y controlar   –  el movimiento de las mujeres en las calles y su presencia en la esfera pública.   Con esta intervención pretendo generar un diálogo entre dos corpus de investigación feminista  – la literatura sobre violencia sexual política, por una parte, y sobre acoso sexual callejero, por otra  –  con el objetivo de desentrañar las complejas dinámicas de la violencia sexual más allá de las situaciones de inestabilidad social y política en que se produce. Al mismo tiempo, creo que esta perspectiva permite percibir con más claridad la dimensión eminentemente política de las iniciativas que han surgido para protestar y contrarrestar estos ataques. Las manifestaciones contra los asaltos, la creación de grupos de autodefensa en la plaza Tahrir o los proyectos comunitarios para crear zonas libres de acoso sexual en los barrios poco tienen que ver con las protestas que, a mediados de los años 2000, reclamaban a la policía más seguridad en las calles (Amar 2011). Al contrario, las formas de activismo que están surgiendo 4 Los textos de Deniz Kandiyoti a los que hago referencia son tres artículos publicados en OpenDemocracy.Net en 2011, 2012 y 2013. Estos son “Promise and Peril: Women and the 'Arab Spring'” (8 de marzo de 2011, enlace: http://www.opendemocracy.net/5050/deniz-kandiyoti/promise-and-peril-women-and-%E2%80%98arab-spring%E2%80%99 ), “Disquiet and Despair: The Gender Sub- texts of the 'Arab spring'” (26 de junio de 2012, enlace: http://www.opendemocracy.net/5050/deniz-kandiyoti/disquiet-and-despair-gender-sub-texts-of-arab-spring ) y “Fear and Fury: Women and Post - revolutionary Violence” (14 de enero de 2013, enlace: http://www.opendemocracy.net/5050/deniz-kandiyoti/fear-and-fury-women-and-post-revolutionary-violence).  704 ANUARI DEL CONFLICTE SOCIAL 2013 en la actualidad se caracterizan más bien por la desconfianza en el Estado y por la imbricación entre la lucha contra la violencia sexual y los principios que guiaron la revolución de 2011. Asaltos sexuales en protestas y acoso sexual callejero, ¿parte del mismo fenómeno?   Durante años, investigadoras feministas y de los derechos humanos se han preocupado por el incremento de la violencia sexual contra mujeres durante crisis políticas (ver, por ejemplo, Cockburn, 2007; Cohen, 2013; Heineman, 2011; Leatherman, 2011; Pitanguy, 2007; entre muchas otras). Al mismo tiempo, el acoso sexual callejero ha sido un foco de discusión en la literatura feminista desde los años 70 (ver, por ejemplo, Bowman, 1993; Crouch, 2009; Di Leonardo, 1981; Fairchild y Rudman, 2008; Gardner, 1995; Kissling, 1991; Wesselman y Kelly, 2010; Wise y Stanley, 1987; entre otras). Aunque centrados en el mismo objeto de estudio, estos dos campos conceptualizan la violencia sexual de forma muy diferente: mientras que en el primer caso se considera extraordinaria y motivada políticamente, en el segundo se estima ordinaria y común en las interacciones sociales.5   En el caso de Egipto, este tratamiento diferenciado se observa tanto a nivel de investigación como de activismo. Por una parte, ya antes de las revueltas de 2011, el acoso sexual callejero era considerado como un “peligroso cáncer social” que afectaba a todas las mujeres en Egipto (ECWR, 2010: 5). 6  Para explicar la ubicuidad de este fenómeno en las calles, los expertos señalaban que las duras condiciones económicas impuestas por los programas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional en los años 80 y 90 habían provocado un retraso en la edad de matrimonio de los 5 En los años 70, feministas radicales de los Estados Unidos teorizaron por primera vez una seri e de comportamientos que hasta entonces se considaban “un hecho natural de la vida que las mujeres simplemente han de tolerar  ” (Thompson, 1994: 314). Lo que en adelante se conocería como acoso sexual callejero incluía todas las “micro - interacciones” (Di Le onardo, 1981: 51) en forma de palabras, sonidos y gestos a través de las cuales un extraño “afirma su derecho a interferir en la atención de [una] mujer, definiéndola como objeto sexual y forzándola a interactuar con él” (52; ver también Brant y Too, 1994;  Tuerkheimer, 1997). 6 En 2008, un informe del Centro Egipcio por los Derechos de las Mujeres afirmaba que el 83% de mujeres egipcias y el 98% de mujeres extranjeras había sido objeto de acoso sexual, y revelaba que el 62% de los hombres encuestados admitían haber acosado a mujeres (ECWR, 2010: 16 y 18).  705 ANUARI DEL CONFLICTE SOCIAL 2013  jóvenes egipcios, generando una creciente presión sobre los hombres jóvenes que, muchas veces desempleados y en situación económica precaria, no podían pagar una dote. Según este argumento, el acoso sexual callejero sería la única válvula de escape para la frustración sexual de esta parte de la población (Ilahi, 2010).7 Por otra parte, el ataque organizado a mujeres manifestantes en protestas (un fenómeno que, cabe recordar, también precede a las revueltas de 2011)8 aparecía como un problema que sólo afectaba a una minoría, las mujeres activistas  – mayoritariamente jóvenes y de clase media  –  que se oponían al régimen autoritario. Como consecuencia, el discurso de las asociaciones de lucha contra el acoso sexual callejero y el de las organizaciones de apoyo a las defensoras de los derechos humanos se desarrollaron de forma separada y, a menudo, en oposición, pues las primeras demandaban una mayor presencia policial en las calles que chocaba con la reclamación del espacio público reivindicada por las segundas (Amar, 2011).   La revolución de 2011 cambió estas percepciones. Durante los 18 días que transcurrieron entre el inicio de las revueltas  – el 25 de enero de 2011  –  y la renuncia de Mubarak, no se denunciaron casos de acoso o asalto sexual en la acampada de la plaza Tahrir. 9  De hecho, tal como señala Nadje Al-  Ali (2012), “las mujeres declararon 7 Por el contrario, feministas radicales de los Estados Unidos han argumentado convincentemente que el acoso sexual callejero “ no tiene nada que ver con hombres sintiendo y expresando atracción  sexual; [sino] con hombres expresando poder y menosprecio por las mujeres” (Wise y Stanley, 1987: 87).  8 En mayo de 2005, una manifestación organizada por el movimiento Kefaya   (“Basta”) para protestar contra la enmienda del artículo 76 de la constitución fue atacada por un grupo de matones a sueldo, que asaltaron a las mujeres participantes, arrastrándolas por el suelo y desnudándolas. 9 El respeto por las mujeres durante las acampadas es un hecho destacado en muchos de los blogs personales escritos por egipcias que asistieron a las protestas (Galán, 2012: 25). En la mayoría de los casos, sin duda, la descripción de las movilizaciones está marcada por la intensidad del momento revolucionario y la idealización de la plaza Tahrir como espacio de libertad y confraternidad. Sin embargo, nada parece indicar que la descripción de las blogueras  – que en su mayoría no son activistas  –  no se ajuste a la realidad de su experiencia. Al contrario, todas tratan de capturar con sus palabras la esencia de un momento histórico en que las relaciones sociales entre hombres y mujeres egipcios se redefinieron de forma temporal. No obstante, la noche de la renuncia de Mubarak, la periodista de la cadena estadounidense CBS, Lara Logan, sufrió una agresión sexual en los alrededores de la plaza Ta hrir. Ver “Una reportera de EEUU es agredida sexualmente en la revuelta de Egipto.” El País,  16 de febrero de 2011. Enlace: http://internacional.elpais.com/internacional/2011/02/16/actualidad/1297810806_850215.html.   706 ANUARI DEL CONFLICTE SOCIAL 2013 que nunca se habían sentido tan seguras y tratadas con tanto respeto como durante las protestas ” (27). Aunque  pronto la hostilidad sexual volvió con fuerza a las calles del Cairo, con una escalada sin precedentes de los casos de violencia sexual, 10  esta discontinuidad temporal permite cuestionar que el acoso sexual callejero sea endémico e intrínseco a la sociedad egipcia. Por otra parte, desde la revolución de 2011, la línea divisoria entre violencia sexual política y acoso sexual callejero se ha vuelto cada vez más borrosa, al tiempo que las calles egipcias se han convertido en el escenario permanente de las protestas que  – casi de forma ininterrumpida  –  se han sucedido desde enero de 2011 hasta la actualidad. Lejos de ser actos dispares, cada vez más acoso y asalto sexual aparecen conjuntamente, con casos de acoso aparentemente ordinarios degenerando rápidamente en brutales asaltos sexuales en un “continuo de violencia sexual” (Kelly, 1978). 11   Paul Amar, los 'baltagiya' y el “Estado acosador”:   Tratando de abordar estas cuestiones, Paul Amar (2011) describe el acoso sexual callejero como “un instrumento de terror de Estado desplegado tácticamente por el estado policial” y perpetrado por matones de paisano, los baltagiya (301). 12   10 Según un informe de la United Nations Entity for Gender Equality and the Empowerment of Women, publicado el 28 de abril de 2013, el 99,3% de las mujeres egipcias ha experimentado alguna forma de acoso sexual. De éstas, el 96,5% ha sufrido tocamientos no deseados. Enlace: http://www.dailynewsegypt.com/2013/04/28/99-3-of-egyptian-women-experienced-sexual-harassment-report/ 11 El concepto de “continuo de violencia sexual” subraya la gravedad de algunos comportamientos aparentemente inocentes, como los piropos o silbidos, señalando que éstos pueden transformarse rápidamente en abuso verbal o, incluso, escalar a formas más severas de violencia sexual, como la violación (Gardner, 1995: 2). En vez de considerar estos actos como fenómenos discretos y radicalmente diferentes, Kelly (1987) los sitúa en los extremos opuestos de un mismo continuo para ilustrar que la diferencia entre los primeros y los segundos es “de grado y no de tipo” (59). Según Crouch (2009), la imposibilidad de predecir el comportamiento de un extraño refuerza el miedo a la violación, un factor mencionado por la mayoría de mujeres afectadas por el acoso sexual callejero (139). 12 Amar (2011) describe los baltagiya,   o matones a sueldo, como “policía de seguridad en ropa de civil” (300). Estos grupos aparecieron en los asentamientos informales de los alrededores del Cair  o en los años 90 y fueron “apropiados como herramientas útiles de la policía” durante los años 2000 (308).
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