Bruno D'Andrea Inflamados en el amor del que nos amó primero Revista Mayéutica.pdf

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  1   M-A. V   ANNIER , “La mistagogia en San Agustín”, en:  AVGVSTINVS 60 (2015) 339-344. 2  Juventudes Agustino Recoletas.MAYÉUTICA 42 (2016) 183-194 “INFLAMADO EN EL AMOR DEL QUE LE AMÓ PRIMERO” (cat. rud. 4,8):  APUNTES PARA UNA CATEQUESIS ACTUAL DE ESTILO  AGUSTINIANO Bruno D’A  NDREA   G IAVEDONI  OAR Introducción El servicio pastoral de la catequesis sin duda es uno de los más importan-tes en la vida de la Iglesia. Desde antiguo las comunidades cristianas tomaron clara conciencia de la necesidad de una iniciación en la fe y progresivamente fueron estructurando el camino de la misma. Gracias a ello el día de hoy contamos con itinerarios catequísticos que procuran que Cristo habite en el corazón de cada hijo de Dios.Entre los Padres de la Iglesia, san Agustín tiene un lugar muy signifi-cativo al respecto. El obispo de Hipona se destaca, tanto por su interés a la hora de señalar los elementos nucleares de la presentación y la iniciación en los misterios de la fe, como por las formulaciones que ha logrado plasmar en muchos de sus escritos. Testimonio de ello son sus obras  De catechizandis rudibus o  De doctrina christiana . Algunos, por ejemplo, se preguntan si su obra no es fundamentalmente mistagógica, o de otra manera, afirman que la mistagogía está omnipresente en la obra de Agustín 1 .Muchas de sus orientaciones catequéticas son de gran actualidad, has-ta el punto de poder encontrar profundas consonancias con los aportes del Magisterio de la Iglesia a la teoría y praxis de la catequesis contemporánea. Especialmente significativa considero la semejanza entre los planteamientos del Papa Francisco a propósito de la catequesis en la nueva etapa evangeli-zadora y el estilo agustiniano de proponer la catequesis contenido en el  De catechizandis rudibus. Por mi parte quisiera poner de relieve los puntos de encuentro entre am-bos, sobre todo pensando en todos aquellos agentes pastorales que sirven, unidos a la familia agustiniana, en la catequesis, tanto en parroquias como co-legios y misiones. También cabe esta reflexión en el marco de la renovación de itinerario de las JAR 2 , ya que en algunas de sus etapas este pretende ofrecer una armonización entre la catequesis de iniciación cristiana y los principios y  valores agustino-recoletos.  BRUNO D’ANDREA GIAVEDONI OAR 184 3   cat. rud. 4, 8. 4    Ibid. En otro lugar, explica que la razón de la encarnación no es otra que la revelación del amor de Dios, además es otro texto en el que se repite el texto joánico, “Él nos amó primero”  : “Ahora bien, ¿cuál ha sido en realidad la razón más grande para la venida del Señor si no es el deseo de Dios de mostrarnos su amor, recomendándolo tan vivamente? Porque, cuando todavía éramos enemigos, Cristo murió por nosotros. Y esto porque el fin del precepto y la plenitud de la ley es la caridad, a fin de que nosotros también nos amemos unos a otros, y así como él dio su vida por nosotros, también nosotros demos la nuestra por los hermanos. Y porque Dios nos amó primero y no perdonó la vida de su Hijo único, sino que lo entregó por todos nosotros, si antes nos costaba amarle, ahora al menos no nos cueste corresponder a su amor” (  cat. rud. 4, 7). 1. El amor salvífico, principio y fin de la catequesis Comencemos por citar palabras de Agustín dirigidas al diácono Deogracias:Por consiguiente, teniendo presente que la caridad debe ser el fin de todo cuanto digas, explica cuanto expliques de modo que la persona a la que te diriges, al escucharte crea, creyendo espere y esperando ame (  Hac ergo dilectione tibi tamquam fine proposito, quo referas omnia quae dicis, quidquid narras ita narra, ut ille cui loqueris audiendo credat, credendo speret, sperando amet ) 3 .El amor es el centro de la catequesis, y él lo explica todo, cuanto se dice o cuanto se hace, todo está orientado al amor descubierto por medio de la fe. El catequista, inspirado en el amor de Dios, amando a los catequizandos con un amor a la vez materno, paterno y fraterno, debe poner lo mejor de sí en cada catequesis, encontrando el modo de iluminar todas las mentes, de calentar to-dos los corazones, renovándose siempre. Una catequesis con clara orientación al amor, ayudará a hacer de la existencia una vida teologal: el catequizando será aquél que escuchando  crea , creyendo  espere  y esperando ame .Por otra parte, para san Agustín las Escrituras no hacen más que revelar la via caritatis  como camino de salvación. La caridad constituye el quicio de la vida teologal y moral, por tanto, toda la catequesis se orienta a ponerla de relieve y en torno a ella gira el resto de contenidos: Cristo vino a este mundo para que el hombre supiera cuánto le ama Dios y aprendiera a encenderse inflamado en el amor del que le amó primero ( ut cognosceret homo quantum eum diligat Deus, et ideo cog-nosceret, ut in eius dilectionem a quo prior dilectus est )”, y continúa San Agustín, “si toda la Escritura divina, que ha sido escrita antes de su venida, ha sido escrita para preanunciar la llegada del Señor, y si todo cuanto más tarde fue recogido en las Escrituras y confirmado por la autoridad divina, nos habla de Cristo y nos invita al amor, es evidente que no sólo toda la Ley y los Profetas –que hasta entonces, cuando el Señor predicaba, constituían la única Escritura Santa–, sino también todos los libros divinos que más tarde han sido reconocidos para nuestra salvación y conservados para nuestra memoria, se apo-yan en estos dos preceptos del amor de Dios y del amor del prójimo 4 .  INFLAMADO EN EL AMOR DEL QUE LE AMÓ PRIMERO 185 5    Ibid. , 6,10. 6   N. C IPRIANI ,  Muchos y uno solo en Cristo. La espiritualidad de Agustín , Ed. Agustiniana, Madrid 2013, 266. Incluso a la hora de señalar los primeros pasos que debe dar el catequista en su instrucción, recuerda que se debe “comenzar nuestra instrucción acerca del gran cuidado que Dios tiene para con nosotros”. Es más, cuando se llegue a narrar la historia de salvación, desde la creación hasta los tiempos actuales de la Iglesia, no se olvidará el principio que estamos tratando: (…) de manera que expongamos cada una de las realidades y hechos o acontecimientos que narramos en sus causas y razones, por medio de las cuales refiramos todo a aquel fin del amor 5 . Cabe destacar el lugar que ocupa el amor-caridad en el pensamiento agus-tiniano. “La caridad, en efecto, constituye el centro de su teología trinitaria y de su eclesiología, de su moral y de su espiritualidad” 6 . Esto no puede menos que incidir en su forma de comprender la catequesis y toda acción pastoral. Por su parte, el Papa Francisco ha vuelto sobre este tema de la centralidad del amor en la catequesis cuando en la  Evangelii gaudium recuerda que en la tarea catequética el kerigma  ocupa un lugar fundamental.   La catequesis, que debería ser iniciación en la fe acogida y aceptada en el corazón, en el contexto actual no puede dejar de lado el primer anuncio del amor trinitario:También en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o « kerygma », que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial (…). En la boca del catequista  vuelve a resonar siempre el primer anuncio: «Jesucristo te ama, dio su  vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminar-te, para fortalecerte, para liberarte» (…) Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio  principal , ese que siempre hay que  volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que vol- ver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos (EG 164). Y continúa: “Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma  que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nun-ca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis” (EG 165).En los labios del catequista, por tanto, debe estar presente la Buena No-ticia del Amor que ama y salva; si no dice  y vive esto, la catequesis corre el riesgo de no formar el corazón, de no iniciarlo en una verdadera mistagogía de la caridad. Las profundas coincidencias entre ambos planteamientos, el de Agustín y el de Francisco, pueden resumirse en la idea de que la catequesis debe, en palabras de Agustín, encender el amor de quien nos amó primero en el cora-zón, esto es para el Papa Latinoamericano, dejarse “primerear” por Dios Amor.  BRUNO D’ANDREA GIAVEDONI OAR 186 7  cf. S. S IERRA  ,  “Prólogo”, en  La catequesis de los principiantes, Ed. Religión y Cultura,   Madrid 2007. 8   cat. rud. 15, 23. 2. Catequista pedagogo   Agustín ha sido capaz de captar como pocos la necesidad de tomar en cuenta a la persona en su ser concreto y su profunda individualidad antes de anunciarle y enseñarle los misterios de la fe. En su tratado de catequesis nos ofrece una línea pedagógica, donde sobresale, por su propia importancia, la adaptación al catecúmeno. De este modo se postula una enseñanza individua-lizada, que lleva consigo colocarse, en la medida de lo posible, en la situación del otro y captar así su realidad 7 . Esto genera una actitud acogedora, com-prensiva y paciente hacia el catequizando. Agustín, en primer lugar, reconoce las profundas diferencias con las que se puede encontrar el catequista al contemplar a los catequizandos que tiene delante. El mismo santo le comparte al diácono Deogracias su propio esfuerzo de adaptarse a un auditorio que puede encerrar mucha diversidad por moti- vos naturales, sociales, económicos o culturales: yo mismo te puedo asegurar, por lo que a mí respecta, que me siento condicionado, ya de una manera, ya de otra, cuando ante mí veo a un catequizando erudito o ignorante, a un ciudadano o a un peregrino, a un rico o a un pobre, a una persona normal o a otro digno de respeto por el cargo que ocupa, o a uno de esta o aquella familia, de esta o aquella edad, sexo o condición, de esta o aquella escuela, formado en una u otra creencia popular; y así, según la diversidad de mis senti-mientos, el discurso comienza, avanza y llega a su fin, de una manera o de otra.Con todo, Agustín no olvida el principio que enunciábamos más arriba: el fin de la catequesis es el anuncio del Amor y la vida en el Amor. Por tanto, la pedagogía tiene la razón de su ser en el amor que se quiere comunicar. La adaptación al catequizando es ya una forma de caridad que busca comunicar el amor que salva: Y como quiera que, a pesar de que a todos se debe la misma caridad, no a todos se ha de ofrecer la misma medicina: la misma caridad a unos da a luz y con otros sufre, a unos trata de edificar y a otros teme ofen-der, se humilla hacia unos y se eleva hasta otros, con unos se muestra tierna y con otros severa, de nadie es enemiga y de todos es madre 8 . Si por un momento nos acercamos a las características del primer anuncio según el Papa Francisco, podemos notar la misma aproximación misericor-diosa a quienes lo reciben. Además, aporta algunos elementos significativos para actualizar la catequesis a la altura de este tiempo. Veamos entonces las características del anuncio  (cf. EG 165): que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa; que no imponga la verdad y que apele  INFLAMADO EN EL AMOR DEL QUE LE AMÓ PRIMERO 187 9   cat. rud. 13, 18. 10   cat. rud.  9, 13. a la libertad; que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad; y, por últi-mo, que manifieste una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. Por otro lado, también de algunas actitudes del evangelizador-catequista dependerá su acercamiento pedagógico. El Papa enumera las siguientes: cer-canía , apertura al diálogo ,  paciencia  y acogida cordial que no condena .Francisco, a su vez, se detiene a precisar los elementos nucleares de una “encuentro catequístico”  , pieza clave de un itinerario de iniciación cristiana. Quizá el momento en que se juega la educación del catecúmeno:El encuentro catequístico es un anuncio de la Palabra y está centra-do en ella, pero siempre necesita una adecuada ambientación y una atractiva motivación, el uso de símbolos elocuentes, su inserción en un amplio proceso de crecimiento y la integración de todas las dimensio-nes de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (EG 166).Los elementos enumerados muestran un interés notable por la adapta-ción y la pedagogía adecuada. Ambientación, motivación, simbología, son ele-mentos al servicio del mensaje.Por tanto, el catequista con estilo agustiniano y, en definitiva, evangélico, debe adaptarse a la situación existencial y espiritual de sus oyentes, acer-carse respetuosamente a la complejidad del corazón de sus catequizandos, conocer sus aspiraciones y deseos.Se podrían enumerar muchas otras actitudes en este sentido, sin embar-go, aquí bastaría con resaltar que la pedagogía es un medio para trasmitir con eficacia el contenido de la catequesis, en otras palabras,  pedagogía y  con-tenido , deben ir de la mano, de lo contrario, se corre dos riesgos: una buena pedagogía pero sin un contenido sólido; o bien, un contenido claro y denso pero incapaz de ser asimilado por la persona. San Agustín y el Papa latinoamerica-no nos invitarían a no descuidar ni uno ni otro elemento. 3. Catequista con Espíritu  Agustín hace una breve alusión a la necesidad de la oración del catequista. Cuando las cosas parecen no salir bien porque el catequizando parece cerrado al mensaje es preciso encomendarlo a Dios por medio de nuestra oración: (…) deberemos decir muchas cosas, pero más a Dios sobre él que a él [al catequizando] acerca de Dios 9 . Es más, una de las tareas del catequista es enseñar al catequizando que:no hay otra voz para los oídos de Dios que el afecto del corazón (…) que en la Iglesia lo que cuenta es la plegaria del corazón 10 .
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