La política exterior china en la era de la globalización

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     F  u  n   d  a  c   i   ó  n   C   I   D   O   B   -   C  a   l   l  e   E   l   i  s  a   b  e   t  s ,   1   2  -   0   8   0   0   1   B  a  r  c  e   l  o  n  a ,   E  s  p  a   ñ  a  -   T  e   l .   (  +   3   4   )   9   3   3   0   2   6   4   9   5  -   F  a  x .   (  +   3   4   )   9   3   3   0   2   2   1   1   8  -   i  n   f  o   @  c   i   d  o   b .  o  r  g   REVISTA CIDOB D’AFERS INTERNACIONALS 6 3 . La nueva China   La política exterior china en la era de la globalizaciónFernando Delage  La política exterior china en la era de la globalización Fernando Delage* RESUMEN El cada vez mayor poder económico chino está transformando el perfil internacional y la percepción delmundo de la República Popular China. Aunque el cambio es gradual, hay indicios tanto de una nuevamanera china de interpretar las relaciones internacionales como de un mayor activismo diplomático ensu política hacia otros países de Asia. Partiendo de esta premisa, el autor analiza las relaciones de Chinacon las grandes potencias mundiales, especialmente Estados Unidos, y los países de su entorno. Palabras clave: China, relaciones internacionales, política exterior, Estados Unidos, Asia. El acceso de una nueva generación al poder tras el XVI Congreso del PartidoComunista Chino (PCCh) en noviembre de 2002 y el impacto de la adhesión –unaño antes– a la Organización Mundial de Comercio (OMC), marcan un período detransición en el que las cuestiones internas absorben la atención de los dirigentes de la República Popular. El objetivo anunciado por Jiang Zemin en su último discurso comosecretario general –cuadriplicar el PIB en 2020– y la consolidación de la clase media como pilar del PCCh orientarán la actuación de un Gobierno más preocupado por la estabilidad del sistema que por sus objetivos internacionales. No se trata de desinterés por la política exterior; ocurre más bien que ésta vienecondicionada por variables internas. Desde la perspectiva de Beijing, su estatus inter-nacional y su seguridad externa derivan de su propia estabilidad nacional y del desa- Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 63, p. 67-81 *Subdirector de la revista Política Exterior  fdelage@politicaexterior.com  rrollo de su economía. Al buscarse un equilibrio entre el mantenimiento de la legiti-midad del régimen frente a sus ciudadanos y su posición internacional a más largoplazo, la diplomacia china depende tanto de la evolución de la reforma económica,de la paz social o de la autoridad del Gobierno comunista, como del entorno exte-rior. La consecuencia es que la proyección internacional del gigante asiático avanza-rá en una determinada dirección, o en otra distinta, según se consolide el impulsoreformista o bien tropiece éste con alguna crisis –financiera, social o política– en elcamino 1 . Otro rasgo de la diplomacia china puede explicar esa aparente indecisión interna-cional: su pasividad. Desde la fundación de la República Popular en 1949, China ha teni-do una política exterior que puede calificarse como reactiva, al asumir durante variasdécadas una función de pivote en la competencia estratégica entre otras potencias. MaoZedong se situó primero junto a la Unión Soviética contra Estados Unidos y el mundocapitalista. Más tarde, el propio Mao se inclinó hacia Occidente para neutralizar la ame-naza del “revisionismo soviético”. Aunque durante los años sesenta y setenta, sus líderespromovieron un modelo de orden internacional que hacía hincapié en la solidaridad conel Tercer Mundo, la política exterior china –como no podía ser de otro modo durantela Guerra Fría– operaba en un contexto básicamente determinado por otros. Esa pasividad no parece haber desaparecido del todo: tal es la impresión al obser-var la actitud de Beijing con respecto a la guerra de Irak y la crisis nuclear planteada por Corea del Norte, asuntos a los que se hará referencia más adelante. Sin embargo,el marco en el que se formula la política exterior china se ha transformado radicalmente.También en el terreno de la diplomacia, Deng Xiaoping decidió abandonar los esque-mas maoístas y buscar la modernización económica y militar de China mediante la asi-milación de capital y tecnología extranjeros y evitando el alineamiento con unas u otraspotencias. De conformidad con ese pragmatismo, la posición internacional de China evolu-cionó a lo largo de los años noventa en la dirección de una creciente moderación y res-ponsabilidad. Desde finales de la última década, Beijing ha mostrado una llamativa mejora en sus relaciones con Washington, en el acercamiento a otros países asiáticos y en la defensa de unos procesos multilaterales en los que anteriormente no creía. La prio-ridad del crecimiento y la realidad de la interdependencia desaconsejan probablemen-te cualquier otra alternativa. Pero al mismo tiempo, el cada vez mayor poder económicochino está transformando el perfil internacional de la República Popular y su propia percepción del mundo. Aunque es un cambio gradual, que no ha dado paso aún a una consistente doctrina estratégica, hay indicios tanto de una nueva manera china de inter-pretar las relaciones internacionales como de un mayor activismo diplomático en supolítica asiática.68 La política exterior china en la era de la globalización Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 63  CHINA Y EL MUNDO Ese nuevo enfoque coincide, no obstante, con el mantenimiento de las orientaciones depolítica exterior ya establecidas en su día por Deng Xiaoping y seguidas por Jiang Zemin. Loslíderes de la cuarta generación, encabezados por Hu Jintao, seguirán las mismas tres priori-dades: la consolidación del Estado chino, un objetivo que implica el mantenimiento del régi-men comunista; la integridad territorial, que se refiere básicamente a la recuperación de Taiwán;y la búsqueda de un mayor prestigio y poder en la escena internacional. Los dirigentes chinoshablan de un “poder nacional global”, con una dimensión no sólo militar, sino sobre todoeconómica y política  2 . Tanto el contexto histórico de su diplomacia como la lectura que haceBeijing de la actual estructura del sistema internacional explican esos objetivos. La historia alimenta la percepción china de que las amenazas externas han sido lasresponsables de su debilidad y sometimiento a las potencias. Superar la “humillación”que vivió el país desde las guerras del Opio a la creación de la República Popular, ha sido un objetivo compartido por todos los líderes chinos del siglo XX, desde Sun Yat-sen y Chiang Kai-shek a Mao, Deng y Jiang. Todos ellos han coincidido en que China debía mantener una posición de igualdad con otras grandes potencias y en lo injustode un sistema internacional que le negaba su estatus. El objetivo es hoy una China ple-namente integrada y que ocupe una posición destacada en el mundo.Frente a la convicción de que sólo un Estado fuerte y unificado puede superar esa tendencia histórica a verse dominado por fuerzas extranjeras, fue Deng Xiaoping quiencon mayor claridad comprendió que China necesitaba la tecnología y los mercados deOccidente para desarrollar su “riqueza y poder”. Mediante el crecimiento económico,China recuperaría con el paso del tiempo su antigua preeminencia. Pero los dirigenteschinos también se sienten vulnerables a las influencias ideológicas y culturales del exte-rior. Así, del mismo modo que –en la esfera interna– la reforma económica ha puestoen marcha un proceso que debilita la tradición centralista y autoritaria del Gobierno,Beijing hace frente a otra contradicción en su política exterior: cómo integrarse econó-micamente en el mundo sin perder su independencia política. Para los líderes chinos,“tanto los problemas de la nación como la mayoría de las posibles soluciones provienendel exterior” 3 . Uno de los instrumentos para afrontar ese reto es el nacionalismo. Se trata de un nacionalismo pragmático cuyo “principal objetivo es construir unEstado-nación política, económica y culturalmente unido cuando las influencias extran- jeras, sobre todo occidentales, están erosionando los propios fundamentos del Estado-nación” 4 . Es un nacionalismo, por tanto, instrumental que se refuerza reaccionandocontra el mundo exterior y asimilándolo al mismo tiempo. Pero en último término,los líderes chinos han fomentado esta retórica nacionalista de cara a su opinión públi-ca: es un esfuerzo dirigido a justificar el Gobierno del PCCh mediante el único valor–el patriotismo– compartido tanto por el régimen como por sus opositores 5 . 69 Fernando Delage Fundació CIDOB, septiembre-octubre 2003   Además de esta clave histórica y política, los analistas chinos han reconocido quelos cambios producidos en el sistema internacional exigían una reconsideración de suinterpretación del mundo. Tras el fin de la Guerra Fría, muchos especialistas pensaronque se produciría una difusión de poder: Estados Unidos, Europa y Japón dominaríanla economía internacional, mientras que Estados Unidos y Rusia controlarían los asun-tos estratégicos y nucleares. Otros, sin embargo, temieron ya desde entonces que EstadosUnidos pudiera convertirse en la única superpotencia, con una inclinación hacia el uni-lateralismo que perjudicara los intereses nacionales de China en cuestiones como Taiwán. A mediados de los años noventa se concluyó que el mundo no avanzaba hacia la mul-tipolaridad en que habían confiado pero sí hacia nuevas formas de interdependencia,especialmente en la región del Asia-Pacífico 6 . Esta manera de pensar se consolidó a finales de 1997 con la adopción de un “nuevoconcepto de seguridad”. Tras asumir que las fuerzas de la historia habían barrido la men-talidad de la Guerra Fría, se defendía un esquema estratégico contrario a las alianzas mili-tares y defensor de los mecanismos de cooperación como mejor medio para garantizar la paz y la seguridad internacionales. De este modo, y en contra de su tradicional escepti-cismo de los procesos multilaterales, China venía a reconocer su utilidad sin que ello sig-nificara, sin embargo, un completo abandono del realismo político. Beijing ha seguidodesde entonces una estrategia que incluye: la mejora de las relaciones con sus vecinos a través de acuerdos fronterizos y medidas de confianza; la colaboración con Rusia para equilibrar la primacía norteamericana; y el desarrollo de una diplomacia regional orien-tada a crear un entorno estratégico en el que el sistema de alianzas de Estados Unidosdeje de ser necesario 7 . Más recientemente, como consecuencia de las guerras de Kosovo, Afganistán e Irak y la confirmada unipolaridad norteamericana, así como de las impli-caciones de su propio poder económico y del cambiante equilibrio asiático, la diploma-cia china ha vuelto a redefinir su concepción del mundo. Los cambios son perceptibles en el mismo lenguaje utilizado. Recuérdense, porejemplo, los duros discursos de Beijing contra Washington hasta hace muy poco: ya setratase de la guerra de Kosovo –durante la cual fue bombardeada la embajada china enBelgrado–, de la venta de armamento a Taiwán o de la presión en materia de demo-cracia y derechos humanos, China denunciaba sistemáticamente la “hegemonía y polí-tica de poder” ( hegemonism and power politics  ) de Estados Unidos. Estos términos handesaparecido de los documentos oficiales chinos; es revelador, en particular, por su tonoy su insistencia en la cooperación como base de la política de seguridad, el último LibroBlanco de Defensa  8 . Igualmente llamativo es el bajo perfil mantenido por Beijing duran-te las crisis de Irak y de Corea del Norte. Si China se opuso tajantemente a la guerra de Kosovo por la ausencia de una autorización explícita del Consejo de Seguridad –deconformidad con la Carta de las Naciones Unidas–, en el caso de Irak ha insistido enel papel de la ONU pero no presentó ninguna iniciativa ni se sumó a las declaraciones70 La política exterior china en la era de la globalización Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 63
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