La etnoastronomía como campo académico: Esbozo de un programa Sudamericano

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El presente estudio es una reflexión metodológica basada en doce años de experiencia en la etnoastronomía sudamericana. El objetivo es proponer algunas bases para un posible plan de desarrollo de la etnoastronomía en esta región. Sobre la base de la

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  LA ETNOASTRONOMÍA COMO CAMPO ACADÉMICO: ESBOZO DE UN PROGRAMA SUDAMERICANO Alejandro Martín López Instituto de Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires & CONICET, Argentina Resumen: El presente estudio es una reflexión metodológica basada en doce años de experiencia en la etnoastronomía sudamericana. El objetivo es proponer algunas bases para un posible plan de desarrollo de la etnoastronomía en esta región. Sobre la base de la concepción de la etnoastronomía como una ciencia social, se discuten algunos temas como el proceso de construcción de un campo académico; los vínculos entre la etno y la arqeuoastronomía; la idea de la "otredad"; la metodología etnográfica; la importancia de las lógicas de la la práctica; la relación entre la oralidad y la escritura; y la relación dialéctica entre cambio y continuidad. Además, se discuten las formas posibles para la institucionalización de la etnoastronomía sudamericana. Por último, consideramos la gran importancia del intercambio académico regional e internacional. Palabras clave:  etnoastronomía, Sud América, metodología, campo académico, institucionalización 1. La astronomía cultural como ciencia social: El término astronomía cultural (Iwaniszewski 1990, 1991; Ruggles y Saunders 1990) se utiliza ampliamente desde la década de 1990 para englobar un amplio conjunto de estudios que incluye entre otros a la arqueoastronomía y la etnoastronomía. Ello debería haber conducido a la profunda convicción de que de lo que tratan dichos estudios, mediante diversas técnicas, es de las formas en que las sociedades construyen conocimientos y prácticas sobre el espacio celeste y sus fenómenos. Es decir, que se ocupan ante todo de hechos sociales. Pero este punto es muchas veces perdido de vista por quienes practican estas disciplinas. No importa lo que opinemos acerca del complejo problema de las posibilidades humanas de acceso a la verdad. Sea cual sea la respuesta a ese problema, tanto nuestros éxitos como nuestros fracasos por comprender el universo son, sin lugar a dudas, productos sociales. Y lo son porque todo lo que hacemos lo hacemos como los seres 1  sociales que somos. Eso es especialmente cierto para la construcción de sistemas de conocimiento que son significativos para un conjunto importante de personas dentro de una sociedad, y que requieren el trabajo colectivo de importantes grupos humanos. De modo que efectivamente, el objeto de estudio de la astronomía cultural son hechos sociales. Debido a que históricamente la astronomía cultural como campo académico se ha conformado principalmente desde la astronomía, este importante hecho fundacional suele ser pasado por alto. Pero es crucial. Una importante consecuencia de estudiar hechos sociales es que la metodología de la astronomía cultural debe inscribirse dentro de la metodología de las ciencias sociales. Y ello significa que, para ser significativa, debe tener en cuenta los grandes debates de las ciencias sociales. Sin tomar en consideración lo que hoy se discute en antropología, sociología, o ciencias cognitivas no es posible dar trascendencia a los aportes de la astronomía cultural. Es más, se corre el riesgo enorme de usar como conceptos de base nociones del sentido común, en lugar de categorías científicas. Este es un problema muy serio debido al hecho de que muchos de las categorías que utilizan las ciencias sociales también tienen un sentido en el lenguaje cotidiano. Nociones como las de espacio, territorio, persona, cuerpo, identidad, cultura, no pueden darse por sentadas. Nuevamente, el proceso histórico de conformación de la astronomía cultural ha llevado a que muchos de quienes la practican utilicen estas y otras nociones clave sin problematizarlas. En el mismo sentido, es de crucial importancia la comprensión de las diversas corrientes teóricas de la producción en ciencias sociales, para poder situar adecuadamente las investigaciones en astronomía cultural. Se ha discutido mucho si la astronomía cultural es una interdisciplina, una multidsciplina, una transdiciplina o algún otro prefijo. Más allá de que no hay conclusiones definitivas, el debate ha dejado claras algunas ideas centrales. La primera es el hecho de que en la astronomía cultural convergen profesionales que poseen una formación académica de grado muy diversa, que va desde la astronomía a la antropología, incluyendo la física, la sociología, la historia del arte, la ingeniería, la matemática, la arquitectura, etc. De hecho esa formación de grado sigue una estructura disciplinar, la cual es característica de la forma en que funcionan nuestras universidades. Por otro lado estos profesionales, para investigar en el campo de la astronomía cultural muchas veces deben colaborar con colegas de otras disciplinas. Pero para llevar adelante esa colaboración y lograr la construcción de un lenguaje común, no basta la suma de especialistas. Como ya ha sido señalado (Belmonte Avilés 2006: 46), es 2  imprescindible que cada uno de los especialistas realice una revisión completa de sus supuestos metodológicos y epistemológicos aprendiendo de las demás áreas, para lograr convertirse en un adecuado astrónomo cultural. Y dado que el objeto de estudio de la astronomía cultural son hechos sociales, esto es especialmente importante para quienes no tengan formación en esta área. La etnoastronomía, como parte de la astronomía cultural, está plenamente inmersa en esta problemática. Y es desde esta perspectiva que buscaremos delinear algunas ideas para el desarrollo de un programa para la investigación etnoastronómica en Sudamérica. 2. El concepto bourdiano de campo académico: La resistencia a considerar la astronomía cultural como un estudio de hechos sociales se inscribe también en el largo debate acerca de los enfoques “externalistas” e “internalistas” en el estudio de la ciencia. Se trata básicamente de una oposición entre una visión que piensa a la ciencia como un espacio completamente autónomo que se explica por sus propias reglas internas, y en ese sentido diferente a toda otra producción humana; y por otra parte la visión de que la ciencia sería reductible a factores externos a ella, como el contexto político o económico de su producción. Bourdieu justamente propuso su noción de campo para evitar esta polarización en extremos (Bourdieu 2003: 20). Y creemos que efectivamente es una noción sumamente fecunda para entender la situación y proyectar un programa de investigación. De modo que sintetizaremos aquí las nociones de Bourdieu sobre el campo científico o académico que resulten más relevantes para el objetivo de nuestro trabajo. Bourdieu propone que entre los polos del contenido interno de las producciones culturales y el contexto exterior a ellas existe un universo social de autonomía relativa al que el llama campo  (científico, artístico, jurídico, etc.). Cada campo es un universo social, que comparte características comunes con los otros, pero además tiene leyes sociales más o menos específicas (Bourdieu 2003: 20). Cada campo específico está inmerso en el universo social total, pero mantiene una autonomía relativa, que se refleja en ciertas especificidades de las reglas del juego social que se da en su interior. Y es  justamente esta autonomía relativa la que caracteriza a un campo como tal. Las distintas disciplinas o áreas dentro del campo científico, son otros tantos subcampos, cuya autonomía relativa está sujeta a amplias variaciones. Debido a esta autonomía relativa 3  cada campo tiene cierta capacidad de retraducir internamente las demandas del mundo social global, un amplio grado de autonomía implica mayor capacidad de hacer esta retraducción (Bourdieu 2003: 22). Un campo está definido por el conjunto de relaciones objetivas entre los agentes e instituciones que lo forman y las luchas y alianzas para conservar o transformar esas relaciones. Es la estructura de esas relaciones objetivas la que delimita lo que determinado agente o institución puede o no hacer dentro del campo, en función de su posición en el mismo. Y de hecho la alianza fundamental entre todos los participantes de un campo es la que posibilita la existencia del campo mismo. Lo cual requiere que compartan la illusio , es decir la confianza en la importancia y seriedad del juego social que se da al interior del mismo. La posición de un agente en un campo social depende del tipo, cantidad y legitimidad del capital  que posee. En el sentido en que Bourdieu utiliza el término, existen diversas formas generales de capital (económico, social, simbólico) y a su vez cada campo se caracteriza por un capital específico (en el caso del campo académico sería el capital científico). Por tanto, en términos generales la estructura del campo científico en un cierto momento está determinada por la distribución del capital científico en ese momento (Bourdieu 2003: 24). El capital científico es un tipo particular del capital simbólico (el cual se basa en actos de conocimiento y reconocimiento) consistente en el reconocimiento atribuido por el conjunto de los agentes del campo académico a un determinado agente o institución (Bourdieu 2003: 24). Cada campo se caracteriza por un cierto sentido del juego  que le es propio, que los participantes del mismo adquieren por su trayectoria dentro del mismo, a partir de la cual van captando las reglas no escritas  de este espacio social. El proceso de socialización dentro del campo va conformando, en función del recorrido específico de cada agente, su habitus  particular. Es decir, un cierto conjunto de disposiciones adquiridas, permanentes y durables, que son el resultado de haber incorporado internamente visiones y divisiones objetivas propias de la estructura del campo. Un campo se constituye como tal por un proceso histórico que permite una creciente autonomía respecto al mundo social general. Ello implica haber logrado imponer criterios relativamente autónomos de lo que es legítimo o no dentro del mismo. Repito que este proceso es histórico y por tanto contingente . Es decir que bien podría no haber ocurrido, bajo otras circunstancias. De hecho, las divisiones entre muchos 4  subcampos académicos, como por ejemplo la separación entre antropología y sociología o astronomía y física son claros ejemplos de ello. Pero este carácter histórico y contingente no significa que se trate de un proceso arbitrario . No se da cualquier división de campos académicos que a un individuo en especial se le antoje. La constitución de un campo es un complejo hecho social e histórico y no depende simplemente de la voluntad de algún individuo (Bourdieu 2003: 25). Desde este punto de vista debería entenderse que la constitución de la etnoastronomía como campo académico en Sudamérica, es un hecho que depende en buena medida de la capacidad para lograr las alianzas básicas necesarias, en el contexto específico de nuestras situaciones en el campo científico sudaméricano en general. Ello requiere el establecimiento de consensos mínimos sobre las reglas del juego que logren la suficiente legitimidad al interior del mundo académico de Sudamérica. Por esa razón se vuelve imprescindible comprender cuales son las líneas generales del campo académico de nuestra región en las cuales deberá inscribirse necesariamente cualquier intento de darle cuerpo a la etnoastronomía como un subcampo posible. 3. ¿Es la etnoastronomía la hermana olvidada de la arqueoastronomía? Por el proceso histórico específico de conformación de la astronomía cultural, la arqueoastronomía ha sido desde el inicio la hermana estrella de la familia. Esto es algo que puede verse hasta en el propio nombre de los Simposios Oxford (“Internacional Symposia on Archaeoastronomy), y el de las dos revistas más respetadas que ha tenido la astronomía cultural (“Archaeoastronomy: The Journal of Astronomy in Culture” y “Journal of History of Astronomy, Archaeoastronomy Supplement”). La proporción de presentaciones sobre arqueoastronomía en los simposios Oxford es otro buen indicador. En todo caso lo cierto es que la perspectiva arqueoastronomía ha dominado en los estudios de astronomía cultural y muchas veces ha sesgado las líneas metodológicas generales. Un buen ejemplo de este sesgo es la influencia de la preferencia que se observa en arqueoastronomía por las sociedades jerarquizadas. Debido a que estas tienden a producir restos materiales más perdurables y por tanto más accesibles mediante las técnicas arqueológicas, el debate arqueoastronómico se centra en este tipo de culturas. Ello por una parte ha provocado una muy escasa cantidad de trabajo arqueoastronómicos dedicados a otro tipo de sociedades, y por otro lado ha generado 5
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